LA PEOR PREVISIÓN, EL PEOR GOBIERNO

No hay organismo internacional o doméstico que no se haya visto obligado a empeorar los datos sobre el impacto económico que la crisis del coronavirus dejará en España. El último que ha revisado sus estimaciones ha sido el BBVA Research. Hasta ahora uno de los más optimistas, ha agravado sustancialmente sus previsiones anunciando que el PIB caerá este año hasta un 11,5%, lo que supone una desviación del 3,5% respecto a su último aviso.

El análisis muestra un descenso de la economía nacional similar al previsto por Bruselas en su informe de verano, que también vino a advertir que la situación estaba peor de lo esperado. Y la Airef avisa hoy que el desplome puede superar el 12%. En resumen: un futuro económico negro que nos obliga a prepararnos.

Dos causas han dibujado este sombrío horizonte. La primera es el duro confinamiento decretado por Sánchez, de los más estrictos y largos de Europa para paliar su negligente respuesta inicial al virus. La principal consecuencia de una herramienta tan excepcional como el estado de alarma es que paralizó por completo la actividad económica.

El turismo, que aporta el 12% de la riqueza nacional, es el sector paradigmático de lo ocurrido, pues no solo ha sufrido como todos la paralización sino además la tardanza inicial y las contradicciones posteriores con las que el Ejecutivo ha gestionado su reapertura. Y eso lastra todavía más su recuperación.

El segundo motivo que explica este empeoramiento de las previsiones está íntimamente relacionado con el anterior. Ahora que la actividad comienza a despertar, los empresarios carecen de la seguridad necesaria para salir adelante con vigor.

La debilidad estructural de nuestro sistema productivo perjudicará una recuperación que no nos conducirá a niveles anteriores a la crisis hasta 2022, lo que supone un auténtico mazazo para las clases medias.

Y ello en buena medida porque, en vez de aprovechar la época de bonanza para asentar el equilibrio en las cuentas públicas con responsabilidad fiscal y para emprender reformas estructurales pendientes, el Gobierno se ha dedicado a despilfarrar en gastos electoralistas para pescar en caladeros clientelares.

La crisis ha embestido a España sorprendiéndola con los deberes sin hacer. Los países del norte de Europa lo saben y por eso se niegan a ser más laxos con el paquete de ayudas comunitario, mostrándose reticentes a la hora de rescatar sin duras condiciones a quien no se ha esforzado por sanear sus cuentas.

La mala gobernanza, unida al fiasco de la candidatura de Calviño, deja a España en una posición de manifiesta debilidad en la negociación. Todos estos factores evidencian la palmaria incapacidad de esta coalición radical para abordar la recesión que se avecina.

Con aliados que ven a Europa como los hombres de negro y un programa económico que espanta a quienes deben ayudarnos, ¿hacia dónde nos lleva Sánchez?

El Mundo