Cada día, resulta más insultante la actitud que muestra esa miserable izquierda que desgobierna España.

No es fácilmente comprensible la actitud burlona y de permanente ofensa a la inteligencia que despliegan socialistas y comunistas, convencidos de esa falsa superioridad moral que creen tener y que no es otra cosa que la manifiesta y reiterada cobardía de una derechona débil y amedrentada por sus propios complejos.

No hace muchos días, me encontré con uno de aquellos bonitos carteles del servicio de propaganda del frente popular -no se puede negar que se trata de trabajos muy bien realizados desde el punto de vista artístico-, referente a los bombardeos aéreos llevados a cabo por la aviación nacional.

El texto del cartel, editado por el Patronato Nacional de Turismo, no dejaba lugar a dudas de su razón propagandística: “El arte de España es un objetivo de la aviación fascista”, decía, y se adornaba con el fragmento de un arco de algún templo o monasterio y una columna desprovista de capitel.

Al ver aquella composición, no pude dejar de pensar en que, tal vez, no se representase el arco completo, no por una razón de pura estética ni tan siquiera con la pretensión de advertir del riesgo de su destrucción, sino porque quizás en el cartel estuviese recogida de la imagen de uno de aquellos templos que quemaron, junto con otras obras de arte de incalculable valor, las hordas marxistas en los años previos a la guerra civil, ante la pasividad, cuando no la connivencia, de la izquierda gobernante.

Un ejemplo más que claro del cinismo de la izquierda, cuando se trata de arremeter contra sus enemigos políticos, sin considerar sus propias acciones, ni tan siquiera ser críticos con ellas.

Un ejemplo que abunda más en lo dicho, lo hemos visto en fechas pasadas cuando, socialistas y comunistas, se negaron a secundar la condena europea a los regímenes totalitarios -nazis y comunistas-, a la que no se han sumado por pura conveniencia.

Es fácil colegir el motivo, toda vez que, al menos uno de los partidos que gobiernan, aunque yo creo que son los dos, cojean de una de esas patas totalitarias, en este caso el comunismo, causante de la mayor tragedia vivida por el mundo a lo largo de su historia.

Sin embargo, con total descaro y sinvergonzonería se permiten el lujo de tildar de fascistas a los que no piensan como ellos, cuando en realidad, los únicos fascistas, los únicos fachas, son ellos mismos, dedicados sistemáticamente a limitar, cuando no eliminar, las libertades de los demás y que, encima, por sus intereses de casta, obvian condenar a los regímenes más criminales de la historia de la humanidad. Eso si es fascismo en su más pura esencia.

A tipos como el del “moño”, se les llena la boca, proclamando su talante democrático, al menos antes lo exhibían de forma grotesca, cuando, en realidad, son unos dictadorzuelos de medio pelo, carentes de moral y de cualquier atisbo de empatía.

Era él, el que decía que jamás cobraría 3.000 e., ¿me ves a mí cobrando esa cantidad?, decía con total desvergüenza. Por supuesto que no se veía cobrando esa cantidad, se veía, eso sí, cobrando más del doble, al igual que la tía esa que vive con él.

Poco les importa que otros pasen hambre o penalidades, al parecer ellos creen que el poder les viene directamente por un designio divino, ya que es imposible que piensen que se lo ha encomendado el pueblo español con solo ver el exiguo número de escaños que su partido ocupa en el Parlamento.

Es el mismo que decía aquello de que las protestas contra los políticos son “jarabe democrático” y, sin embargo, quien ose protestar contra él, puede terminar con sus huesos en la cárcel. A los hechos nos remitimos.

El mismo que decía aquello de que “se emocionaba” al ver como pateaban a un policía y ahora exige que un ejército de policías y guardias civiles, los mismos que él animó a sus huestes para que los pateasen, le guarden sus espaldas.

El mismo que hablaba de regenerar la política y alzaba la voz contra la casta corrupta y ahora tiene que ver como su propio partido está sentado en el banquillo por las irregularidades cometidas.

Este es el social-comunismo que nos gobierna. Ese mismo que acaba de pactar, aunque lo niegue, con los proetarras de Bildu que jamás condenaron un atentado criminal de la ETA y que, para más inri, amenazan con destruir el Estado o con los golpistas catalanes cuyo único objetivo es destruir España.

¿Cómo puede atreverse la socialista andaluza, otrora presidenta de su Comunidad, a insultar a sus adversarios, comparándolos con partidos tan siniestros como Bildu, dando la espalda al hecho de que su partido, el PSOE, acaba de pactar con esos proetarras? Es el más allá de la desvergüenza.

El colmo del cinismo, de la miseria humana, de la gente amoral y canalla, como esa individua andaluza que todavía milita en un partido cuyos integrantes dejaron Andalucía por puertas, sumida en la miseria, mientras sus correligionarios se gastaban los dineros de todos en burdeles y chiringuitos.

Sin embargo, todavía a día de hoy, sus mentiras, sus falacias, son creídas, a pies juntillas, por un buen número de españoles que no ven más allá de sus narices, convertidos en seguidores fieles de sus ideologías liberticidas.

Es difícil encontrar una explicación a todo esto, aunque estoy convencido de que se trata de una operación de gran calado, iniciada, muchos años atrás, utilizando como arma fundamental la ocultación sistemática de la verdad y el adocenamiento de un pueblo dócil y sumiso, a cambio de que se les facilite -eso creen muchos- una vida sin preocupaciones ni sobresaltos ya que tienen la promesa de que “papá Estado” los sacará de cualquier atolladero.

Desde aquel lejano primer día en que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), hizo acto de presencia -mal día aquel- en la escena política nacional, comenzó a socavar, de forma deliberada, los valores tradicionales del pueblo español.

Valores como el honor, la lealtad, el sacrificio y el compromiso, por citar tan solo algunos, fueron, poco a poco, desapareciendo, siendo reemplazados por conceptos como el malvado relativismo, el supuesto bienestar, el engañoso progresismo, a cuyos brazos se han entregado y que no solo no han aportado nada a los españoles, sino que les han privado de enfrentarse a la propia realidad nacional, muy distante de lo que los socialistas nos han querido vender.

No hay que olvidar que el nivel de deterioro moral al que puede llegar un pueblo se puso de manifiesto, primero, tras los terribles atentados de Madrid en 2004 -todavía planea sobre ellos una gran nebulosa-, que se saldaron, además de con un número elevado de muertos y heridos, con la llegada al gobierno, gracias al voto de la mayoría, de un tipo como Zapatero, y después, pese a la ruina económica a que nos condujo tan funesto personaje, salió reelegido pagándole así la limosna de 400 e., con que silenció, con nuestro propio dinero, a una buena parte de españoles.

Ese es el mejor ejemplo del nivel que se puede alcanzar cuando a un pueblo le han sustraído sus valores más elementales.

Ahora, las cosas están mucho peor. Amprándose en el paraguas del terror que nos han infundido; el resquemor de unos hacia otros -todavía hay gente que, pese a llevar todos mascarilla, se separa ostensiblemente si te cruzas con ella por la calle-; el miedo a un eventual contagio; el silencio al que nos tienen sometidos tras el bozal obligatorio; la llamada distancia social que nos impide siquiera reunirnos para, en justa demanda, exigir a estos canallas que se vayan, nos tienen sometidos a sus arbitrariedades, a la limitación sistemática de nuestros derechos y libertades, a la permanente amenaza de un nuevo arresto domiciliario y, para colmo, el del “moño” -canalla donde los haya-, se permite amenazarnos, de forma impune, con que estas limitaciones pueden prolongarse más allá de 2022.

Sin embargo, seguimos sin saber el número real de muertos por la pandemia y nadie dice nada; seguimos aguantando que nuestra economía caiga por los suelos y nadie dice nada; seguimos asistiendo, impasibles, al hecho de que se cese de forma fulminante a todo aquel que eleve la voz para protestar y nadie dice nada; están permitiendo una invasión en toda regla, con la llegada masiva, sin control, de inmigrantes ilegales de aspecto fornido, en edad de prestar el servicio militar y provistos de medios individuales de comunicación y nadie dice nada; nos han restringido la libertad de movimiento, la de reunión, nos controlan la opinión, fiscalizan todos nuestros movimientos y nadie dice nada…

Bueno, sería injusto si persistiese en lo de “nadie dice nada”, algunos siguen alzando la bandera de la libertad y tienen que aguantar que la miserable izquierda les tilde de fachas. Sin embargo, otros, la derechona cobarde y acomplejada, sigue guardando silencio, convirtiéndose en cómplices de esta situación.

Por cierto, sí 190 muertos en el salvaje atentado de Madrid de 2004, costó al PP la pérdida del gobierno, ¿qué precio tendrá que pagar el PSOE y sus adláteres comunistas por más de 60.000?

Habrá que esperar a las próximas elecciones, si es que las hay.

José Eugenio Fernández Barallobre ( El Correo de España )