LA PERSONA DEL AÑO ERES TÚ

En febrero el que puede va a esquiar; mayo es mes de exámenes escolares; en julio y agosto la gente viaja a la playa; en octubre algunos vendimiamos y, al llegar a finales de diciembre, ineluctablemente, los periódicos y revistas deciden quién es la persona más importante del año. Alguien conocido en el mundo entero, empoderado y adornado con alguna virtud incontestable.

Así las cosas, la Persona del Año no puede ser un político español (inoperancia) ni un atleta con bandera rusa (dopaje). No debería ser jamás un empresario que no se hubiera manchado antes las manos. Tampoco uno que se las hubiera manchado demasiado… No podría serlo un dirigente de fútbol argentino. Y nunca un presidente que prefiera un muro antes que un puente.

La Persona del Año con mayúsculas -aunque fuera en algún año con minúsculas- debiera ser esa que jamás sale en los periódicos. La que no tiene tiempo para tanto flash universal porque anda con una linterna en las cosas pequeñas. Las facturas. El pan. Dos adolescentes en casa. La silla vacía. La memoria llena.

La Persona del Año es esa que se levanta a las siete como si ayer no hubiera existido, esa que hace una hora a seis euros sin salir en ninguna foto, la que cada sábado va a ver a la madre que lo olvida todo, la que huele a leña o a lejía, la abuela que da y no recibe, el abuelo que prefiere callarse para no liarla.

La Persona del Año es la madre que llega tarde después de un atasco porque no le alcanza la vida con tres hijos, el padre que se muere de frío en el entrenamiento del pequeño, el drogodependiente sin esperanza que vuelve a intentarlo en un centro a pesar de todo, las manos que extirpan o limpian sin haber jurado la Constitución.

La Persona del Año es el maestro que se puso delante de la clase, el guardia que se puso en medio de la pelea, el enfermero que se puso detrás de la camilla.

La Persona del Año eres tú. Tantas veces aspirante y todavía sin portada.

¿Cuánto hace que no te eligen a ti? ¿Cuánto hace que no te votan y quedas primero? ¿Cuánto hace que nadie te nombra reina o tesoro? ¿Cuánto hace que los tuyos no te dicen que eres la mejor persona del año y del mundo? ¿Cuánto hace que no te levantas por la mañana, te asomas al espejo, sonríes como lo hacías antes y –aunque sólo sea una vez, mujer– te lo dices a ti misma?

Pedro Simón ( El Mundo )