LA PLATAFORMA DE PAGO DE IGLESIAS

En Twitter, donde trasladaron sus asambleas e instalaron la multicopista, hace tiempo que no están seguros. Les han cogido la matrícula y los tienen enfilados. Antes de que tramen una cacerolada, ya se la han montado a ellos, en el piso de arriba y con toda la batería de cocina.

También conocen los resortes horarios de las curvas de consumo de internet, ligado a las jornadas laborales, y saben que el confinamiento, el teletrabajo y la convivencia doméstica confluyen en la rehabilitación de la vieja tele como medio de comunicación de masas. «La tuerka», para todos los públicos.

Esta y no otra es la verdadera transformación digital de este tiempo muerto programado por el Gobierno. Ayer fue Alberto Garzón el que pidió la vez para salir en directo y dar un mitin a la «clase trabajadora». También Pablo Iglesias tiene su turno en este carrusel populista.

Se salta la cuarentena por la excepcionalidad que le diagnosticó Fernando Simón y cuenta con un espacio semanal en el plató de La Moncloa, donde el secretario de Estado de Comunicación y Filtros hace las veces de José Luis Moreno como presentador de variedades. No solo jalea a sus invitados, sino que trata de manipular sus respuestas. Va para ventrílocuo.

En RTVE, donde ignoran o cortan las comparecencias de la cúpula del PP para dar paso a una tertuliana del régimen, servicio esencial, se la tienen jurada a Isabel Díaz Ayuso, y raro es el día en que por sus informativos no pasa un agente doble, con la mascarilla puesta, para hacer valer su condición profesional y ocultar su militancia política.

Al enfermero Del Barrio, que dedica sus mañanas a la actividad sindical y a salir por la tele, se lo rifan todas las cadenas, incluso la que clama al cielo contra «los estercoleros de las mentiras» y asegura, al rojo vivo, fundido en malva, que «este país necesita decencia».

Lo que necesita este país, bastante decente a este lado de la pantalla, es un modelo televisivo bien financiado por el Gobierno para aguantar el trance de una hibernación que otros sufren a la intemperie.

Como concesiones del Estado, y en un régimen que ha confundido la alarma con la excepción y cuyo Gobierno ejerce ya como ente único y descontrolado, las cadenas de televisión van a recibir la propina que garantiza el servicio público -ahora esencial- para el que fueron creadas. RTVE no está sola en esta gran plataforma de pago que entretiene al gran público, la gente, en estos días tan raros.

Jesús Lillo ( ABC )

viñeta de Linda Galmor