Silencio. Se encienden las luces. El atrezzo está preparado con mimo y detalle: mesa de trabajo con papeles, ordenador, libraco vistoso y maletín de piel en primer plano donde se lee presidente de Gobierno. Luz. Cámara. ¡Acción! Comienza el rodaje.

Toma 1. Suena el teléfono, el protagonista pone morritos, gesto circunspecto. “¿Dígame?” Nada, número equivocado… No era ni Joe ni Vladimir.

Toma 2. En el guion está escrito que el presidente sigue “muy de cerca” la situación en Ucrania y se mantiene “en permanente contacto con los representantes de la UE y la OTAN”, así como con los principales líderes europeos. “Es el momento de la diplomacia. Apostamos por la unidad, la distensión, la solidaridad y el diálogo para resolver la crisis con Rusia”, reza el texto.

 ¡Corten! ¡Magnífico! A Twitter sin escala. Alguien pregunta “¿Quedó bien?” Da igual, lo importante es lo importante, hacer como que, dar el pego, es pura ficción, digamos política fake. Ni siquiera Iván Redondo, el ex gurú Monclovita lo hubiera escrito mejor.

La política española toma cauces que van más allá de lo imaginado. Después de la cumbre internacional USA-Spain de 29 segundos parecía difícil superar semejante fiasco. Sin embargo, sucedió con la nueva versión de liderazgo internacional de cartón piedra.

Duele, no por Sánchez, sino por España, que es ninguneada y despreciada por quienes juegan algún papel en el orden internacional. Pero también es lógico, si no podemos mantener limpia y unida nuestra propia casa, ¿cómo se puede pretender hacerlo con la ajena?

El presidente del Gobierno estará un total de ocho semanas sin someterse al control del Congreso de los Diputados pese a la grave crisis de Ucrania y el envío de tropas españolas a la zona dentro de las operaciones de la OTAN.

¿Para qué someterse al requerimiento parlamentario, si hay asuntos de mayor importancia que rendir cuentas en la sede de la soberanía popular? El presidente no responderá a las preguntas de la oposición hasta el próximo 16 de febrero, y con suerte.

Mientras tanto, para esos asuntos nimios está el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, para comunicar el estado de la cuestión. “Estamos en el centro de circuito de toma de decisiones” afirmó ante la prensa.

Pues para estar en el centro, el amigo americano dejó fuera a Sánchez de la videoconferencia en la sala de crisis de la Casa Blanca, en la que participaron Francia, Alemania, Italia, Polonia, Reino Unido, y el secretario general de la OTAN.

Obviar a Sánchez es dejar afuera a España de una negociación de calado internacional, es dejar en evidencia que, a pesar del atrezzo y el cartón piedra, las palabras huecas, los morritos y la propaganda, la nación que por primera vez unió al mundo entero llevando civilización, fe, cultura y lengua, hoy no pinta nada.

Mientras tanto en el país de las maravillas de los líderes mundiales -léase Sánchez, Yolanda y Garzón-, la paz y las múltiples “D” -desescalada, diplomacia, distensión, disuasión, diálogo, democracia-, los organismos financieros internacionales nos vuelven a poner a la cola de la recuperación económica.

La inflación ya es una realidad y se nota en el bolsillo de la clase media y sobre todo en los de los más desfavorecidos, en un país donde poner la calefacción en invierno o encender la lavadora en casa ya es un privilegio, siempre y cuando nos llegue el gas desde el extranjero.

Eso sí, quizás suene el teléfono este fin de semana en Moncloa y con suerte sea Stevie Wonder diciendo “I Just Called to Say I Love You”, mejor dicho “Solo llamé para decirte que te amo”.

José Papparelli ( El Correo de España )