Se está hablando reiteradamente en estos días sobre  la problemática que supone para las mujeres afganas estar bajo el gobierno de los talibanes.

Ciertamente es preocupante.

Durante el reinado del Rey Amanullah ( 1919-1929) las mujeres afganas empezaron a ver como eran menos controladas por sus familias, se abolió la ley del matrimonio forzoso y el matrimonio infantil.

De hecho, fue la esposa del  Rey, la Reina Soraya Tarzi, quién puso todos sus esfuerzos en fomentar la educación para las niñas y mujeres. Ella promovió y facilitó la apertura de la primera escuela para niñas en Afganistán.

Con posterioridad, siendo primer ministro del país Mohammed Daud Khan  se siguió en la senda de dar el papel que debía de tener la mujer en la sociedad afgana.

La ocupación soviética iniciada en 1979 y los conflictos entre el Gobierno del momento y los grupos muyahadines dieron un vuelco a la situación de las mujeres .

Durante el denominado “reinado del terror”, cuando Hekmatiar (líder muyahidín, fundador de la organización terrorista Hezbi Islami) se integró al estado Islámico de Afganistán, se produjo una total abolición de los derechos y libertades que las mujeres afganas habían ido consiguiendo hasta el momento.

El paralelismo es evidente si vemos como a partir del 2001, cuando la OTAN “entra” en Afganistán, las mujeres empiezan a recuperar algunos de sus derechos (no todos) y ahora, es casi seguro que vuelvan a perderlos.

Todos sabemos  las  consecuencias para las mujeres afganas ante el dominio talibán.

Lo grave es que también hemos podido ver como aquellas que se rompen las vestiduras en “ pro” del feminismo han desaparecido en el momento que más feministas tendrían que ser. La definición de “hipocresía” se queda corta.

Irene Montero junto a sus “compis” feministas de Unidas Podemos han considerando que con unos cuantos tuits apoyando a las mujeres afganas era más que suficiente. Paralelamente y con la misma intensidad han criticado  los fotos de un cantante rodeados de mujeres en bikini en un yate. Debe ser que para ellas los dos casos tienen igual gravedad.

Lilith Vestrynge, secretaria de Organización de Unidas Podemos  ha obviado en sus declaraciones la problemática de las mujeres afganas, ha preferido criticar a Estados Unidos.

Por cierto, decir que Pablo Iglesias trabajaba para una televisión iraní, y las mujeres que intervenían en la emisora y en su propio programa debían de acogerse a las exigencias de ir “tapadas” y no llevar ropa ceñida.

Irene Montero estuvo en el año 2015 en la tertulia de Hispan TV ( medio alternativo iraní en lengua española).Con lo feminista que  Irene dice ser  no le importó  entonces someterse a las exigencias que sufrían las mujeres del país.

El silencio ante el drama afgano de aquellas mujeres que se creen más mujeres que ninguna también es significativo. La vicepresidenta de EEUU, Kamala Harris, o la congresista demócrata Alexandria Ocasio- Cortez, han preferido apoyar a las mujeres afganas  con su silencio.

El movimiento “ Me Too” ha desaparecido.  Después de que llevara a la palestra a políticos, magnates del cine y gente poderosa, de manos de artistas y famosas, el “fenómeno” “Me Too” se ha quedado en nada. Otra farsa y más hipocresía.

Y ahora vemos que son las propias mujeres afganas las que, jugándose la vida, se manifiestan de la mejor manera que pueden ante los represores para defender sus derechos.

Ellas son las verdaderas “feministas”, no aquellas que hablan mucho y que no predican con lo que dicen demostrando de esta manera realmente lo que son.

Eva Higueras ( El Correo de España )