LA RANA Y EL ESCORPIÓN

Esto se parece cada vez más al pacto de la rana y el escorpión para pasar un río. Sánchez necesita al secesionismo catalán para continuar en La Moncloa y el secesionismo catalán necesita a Sánchez para alcanzar la secesión. El problema es que Sánchez no puede darles la secesión, aunque quiera, y los secesionistas no tienen otro que pueda dársela, lo que les convierte en socios obligados, pues si uno se va al fondo, se va el otro.

El encuentro de Sánchez y Torra se convirtió así en un juego de imágenes, desde el recibimiento del presidente español por el president catalán como si fueran jefes de Estados distintos, a los comunicados que hicieron luego. Aquello parecía una competición por

 decir la mentira más gorda. Ganó, como era esperado, Sánchez, al hablar de la necesidad de iniciar un «reencuentro», ya que de lo que se trató fue de iniciar una separación: la de Cataluña de España, como Torra reiteró una y otra vez, basada en dos demandas fundamentales: el reconocimiento del derecho a la autodeterminación y la amnistía de los líderes nacionalistas condenados o fugitivos por Europa. Sánchez los evitó como si le quemasen, limitándose a decir que el diálogo se mantendrá «en el marcó de la ley y el respeto a la seguridad jurídica».

Para añadir, como si no tuviera importancia, «pero la ley no basta». Con lo que dijo en una sola frase dos mentiras: fuera del marco de la ley hay sólo delito y ¿cómo se conjuga con la desjudicialización del asunto catalán que los nacionalistas le exigen y él les ha comprado? A la Constitución ni siquiera se atrevió a nombrarla.

Torra se olvidó del «mediador internacional» al haber conseguido lo que buscaba: hacer venir a Sánchez a Barcelona a iniciar negociaciones sobre la autodeterminación y la amnistía de los separatistas. Mientras Sánchez llegó como un rey mago cargado de regalos, como ampliar las competencia del Estatuto -¿más todavía?, preguntará algún lector-, junto a inversiones en Cataluña.

Pero ellos no están ya interesados en el autonomismo, quieren la independencia real y efectiva. Tan poco caso le hacen que le advirtieron de que no asistirán al próximo Consejo de Política Fiscal con el resto de la autonomías donde se debatirá la financiación de las mismas.

Ellos están ya actuando como si fueran independientes y sólo aceptan el trato de tú a tú con el Gobierno central sin siquiera disimularlo, ¿no vieron cómo trataron al Rey en la inauguración de la nueva legislatura, mejor dicho como no le trataron? Y Sánchez se lo permite porque depende de ellos.

No ha mucho decía que la presencia de Iglesias en el gobierno le quitaba el sueño. Hoy, quienes le quitan el sueño son Torra, Junqueras o Puigdemont que, si no hace lo que desean, convocan elecciones en Cataluña y no aprueban sus presupuestos, lo que supondría su fracaso. También llevar un escorpión en el lomo conlleva riesgos.

José María Carrascal ( ABC )