LA RANA Y EL ESCORPIÓN

Comienzan las conversa-negociaciones PSOE-ERC sobre la investidura de Pedro Sánchez, que puede depender de ellas, ya que la actitud de los republicanos catalanes será vital en su desenlace. Pero más que históricas, merecen el calificativo de antihistóricas, al estar en juego el despiece de una nación cinco veces centenaria.

Nos llaman «tremendistas» a quienes así lo calificamos, pero lo de verdad tremendo es que un presidente de gobierno se preste a tal agravio y que su partido le apoye, pese a llevar el título de español en su nombre. Aunque en España nunca han faltado los Vellido Dolfos.

Negociaciones de este calibre suelen empezar con ambas partes poniendo sobre la mesa sus exigencias máximas para ir soltando lo secundario y dejar para el final lo que más les interesa. Pero estas no son unas negociaciones cualquiera.

La ventaja de los republicanos catalanes es enorme: sus 13 votos, como queda dicho, pueden decidir la investidura de Sánchez, aparte de que los nacionalistas suelen exigir de entrada lo máximo para pedir más y más y más, hasta pedirlo todo. Y ya sus primeras exigencias son difícilmente asumibles: un tú a tú, es decir de gobierno a gobierno, con un programa que incluya la entera problemática catalana, lo que supone la autodeterminación, a resolver en fechas fijadas y por escrito.

Ante lo que Sánchez ha hecho lo acostumbrado: desaparecer para dejar decir a Carmen Calvo que «tendrá que ser en un marco constitucional», lo mínimo que podían decir sin levantar la bandera blanca antes incluso de sentarse. Hay que reconocerles, sin embargo, un gesto: ante el último desafío nacionalista de crear una «república digital catalana», es decir, una Cataluña en Internet en espera de una República Catalana independiente, el gobierno Sánchez comprendió que no podía consentirlo sin perder no ya una batalla, sino la guerra, y presentó un decreto que le permite controlar la gestión directa de las redes electrónicas.

¿Y saben ustedes quién le ayudó a sacarlo adelante? Pues no su flamante socio in rectore, Podemos, que se abstuvo, sino el PP y Ciudadanos. Así está la partida de reñida y traicionera. Porque si bien es verdad que necesita a los nacionalistas, los nacionalistas le necesitan a él para no encontrarse peor de lo que están. Rufián, que encabeza su equipo negociador, lo ha dicho sin miramientos: «Hay que aprovechar que Sánchez está es una situación muy débil».

¡Pues anda que ellos! podría contestarles éste, pero no se atreve. Posiblemente, en los primeros pasos se limiten a estudiarse mutuamente y a trazar un calendario. Recuerdan la rana que cruza un río con un escorpión encima. A éste le entran ganas de clavarle el aguijón y se lo clava, yéndose ambos al fondo.

¿Ocurrirá lo mismo? Imposible saberlo al tratarse de personajes a cual más retorcido. Aunque a veces la realidad supera a la fábula y la rana se sumerge, ahogándose el viajero. Pero no me pregunten quién es la rana ni quién el escorpión porque, francamente, no lo sé.

José María Carrascal ( ABC )