Ganado a pulso el baño de multitudes, la templanza de la resignación ha transformado la adversa situación que el desgobierno criminal forzó durante dos años con un exilio a todas luces inútil, con Juan Carlos I recobrando el terreno aparentemente perdido.

Porque Sanjenjo es solo una mera prueba de que la estafa gubernamental no ha hecho la menor mella en el ánimo del pueblo que clama por el regreso de su rey de siempre y confronta así contra los narcocomunistas y sus aliados sanchistas, comandados por el cada vez más aborrecido doctor cum fraude.

Es más, la calurosa bienvenida en tierras gallegas deja en evidencia la actitud hostil de los verdaderos delincuentes que, con engaños, han sumido a España en las arruinadas y trágicas sombras del pérfido sociocomunismo representado por majaderos, los verdaderos causantes de la estafa contra España, los delincuentes juzgados por múltiples corrupciones que dejan en agua de borrajas las actividades, bien merecidas, que como comisionista el Rey desempeñó, aportando la riqueza y el progreso que los inútiles del desgobierno criminal han destruido durante el sucio mandato de un engañador y presunto delincuente: el tramposo que disimula los hedores de sus trapos sucios, propios hasta familiares, aventando falsamente los ajenos.

Ni una de las investigaciones forzadas sibilinamente contra el rey han desembocado en un atisbo de imputación y se han regularizado las cuentas con Hacienda. El pueblo ha declarado la inocencia del exiliado que retorna en olor de multitudes para presentar la batalla que los miserables forzaron en un fallido descrédito, en tanto los enemigos de los ciudadanos están en evidencia sin poder pisar las calles por la animosidad imperante frente a los culpables de la insostenible situación.

La esperanza de la Corona no solo estriba en el chantajeado Felipe VI, quien juega con prudencia el desempeño patriótico durante la tormenta sanchista, sino también en cuanto representa su padre como garante de los tiempos constitucionalistas que, aun no siendo perfectos, aportaron el consenso democrático por el que España fraguó un progreso real antes de que la peste, un estrambótico circo de inútiles, el detritus social, la basura sin reciclar ocupara las poltronas mediante engaños para desestabilizar y sembrar la cizaña de cuyas consecuencias se advierte ya el fracaso de las intenciones.

Se les va de las manos la maniobra popular, que no populista, del rey emérito, a quien le apetecía por la real gana darse una vuelta por el país que tanto le debe al margen de las acusaciones y la porfía por arrebatarle el trono de reconocimiento que por cuarenta años de paz se merece.
Es paradójico que sea cuestionado por la peor calaña delictiva y criminal que ocupó un gobierno mediante la mentira y la traición. Los mismos que, a poco que se revierta la situación, deberán dar cuentas a la Justicia por las mayúsculas corruptelas y continuadas que ocultan bajo la hipócrita indignación por el paseo triunfal de quien, haciendo lo que le da la real gana, ha fortalecido a la Corona frente a los enemigos de España.
Sea bienvenido siempre, Majestad.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España )