Los medíos de comunicación-desinformación se han convertido en gigantescos aparatos de manipulación masiva que hacen imposible esa relación pensar-ser a la que llamamos verdad; las elecciones de EEUU han confirmado la hipótesis: en España la televisión pública y semi-pública ha pasado de emitir telebasura a convertirse en un instrumento tiránico de reconducción del voto, o dicho de otra forma: de reeducación social. La realidad es un bien escaso que hay que procurarse por uno mismo.

En medio del engaño la reflexión es esencial para resolver las incógnitas, que se nos presentan como un enigma ¿por qué el aparato estatal –estado profundo– intenta que nos sintamos en un tiempo precaida del muro? Porque está claro que desde hace 30 años la lucha política izquierdas-derechas está más que superada: el comunismo cayó estrepitosamente, venció el liberalismo y ahora nos encontramos en una epocalidad de decaimiento liberal, en que las élites que favorecieron la caída de los regímenes comunistas –primeras empresas de Soros–, se han hecho con el poder financiero de facto para instaurar un régimen global sobre el Occidente.

Los globalistas del NOM –nuevo orden mundial– cimentan su cruzada totalitaria en un falso axioma: que hay demasiados humanos en la tierra; a partir de ahí provienen todas sus doctrinas: feminismo, aborto, ecologismo.

Los tres dogmas de la doctrina globalista que en la praxis se reduce a la reducción masiva de la población, o dicho en otras palabras: un genocidio progresivo, expresado por la dialéctica del eufemismo y que puede pasar desapercibido en la conciencia colectiva.

A fin de cuentas, no es más que otra ideología relativista, negadora de la dualidad racional suprema bien-mal,  que termina como sus antecesores totalitarios nacismo-comunismo, en una querencia de dominio mundial con necesidad de una política eugenésica que implica el genocidio masivo del que sobra, o bien por subversivo, por judío, o en este caso porque abulta.

Los enemigos esenciales del NOM somos las “gentes del libro” y en especial los de tradición judeo-cristiana. Primero porque todas estas gentes compartimos un postulado fundamental: Dios creador, camino, verdad y vida; y familia como mandato divino «id y multiplicaos».

Y sobre todo los de tradición judeo-cristiana porque nuestra escolástica –educación santa– pensó al hombre como a imagen y semejanza de Dios: individuo, libre, no predeterminado, con conocimiento y voluntad: es el concepto de persona, descubrimiento católico, que nos hace a los apostólico romanos pensarnos únicos en la multiplicidad, y no múltiples en la unidad, o dicho cristianamente: enemigos de la colectivización, instrumentalización y cosificación.

Esta manía nuestra por ser libres hijos de nuestro Dios es un grave impedimento para todo proyecto totalitario –y los neo-comunistas hermenéuticos los saben–, eso ha impedido hasta el momento una dominación absoluta, el secuestro político no implica el del alma, pero de esto ya se han dado cuenta desde hace tiempo las autoridades civiles, que siempre han estado en pugna con la iglesia por este motivo; porque además del dominio político siempre han anhelado el domino espiritual sobre los hombre.

Es una batalla que siempre se ha librado, desde los anales de nuestra especie, entre el Chamán como director espiritual, y el Jefe como director político siempre coartado y limitado por el primero.

El poder político de facto –que siempre ha estado en manos de usureros exitosos– entiende, como sus antecesores, que ese poder espiritual es el obstáculo para llevar a cabo sus planes, y como es lógico buscan eliminarlo.

Hay que darse cuenta que desde la reforma protestante el objetivo siempre ha sido el mismo: primero desautorizar al poder espiritual unificado, dividiéndolo y así debilitándolo –como se dieron cuenta los condes alemanes– y más tarde a partir de las doctrinas mal llamadas liberales, cuyas bases fueron el calvinismo y el empirismo inglés, ateizar a la población impidiendo la limitación espiritual al poder absoluto del estado; pero «qui respondens dixit scriptum est non in pane solo vivet homo sed in omni verbo quod procedit de ore Dei» y como está escrito el hombre no solo puede vivir del cuerpo, de modo que la tarea se hace sumamente difícil para los globalistas, porque actúan contra una verdad revelada, racional y que no admite lógica contradicción.

Así vemos que aun que los planes descristianizantes están triunfando las personas se acogen a falsas psudo-religiones dirigidas por las mismas élites, eso a lo que hoy llamamos “desarrollo personal” que el cultivo de la soberbia como complemento perfecto de la inseguridad que genera en la persona las redes sociales, y el culto al cuerpo televisivo, lo que acaba por construir personas frustradas entre sus ganas de destacar sobre los demás, y la inseguridad que les genera el falso éxito y perfección que ven en las redes sociales de sus conocidos; además del vació religioso que produce el ateísmo, una falta de saciedad espiritual que muchos hoy no se explican, y tratan de llenar con los miles de libros y terapias que venden estafadores espirituales, a los que si les van muy bien terminan forjando sectas de culto a su persona.

En los colegios se enseña que el catolicismo es y ha sido un desorden subversivo, que ha atentado contra la dignidad de las personas, inventando supercherías y prometiendo la vida eterna para dominar sus vidas.

Resulta natural pero sumamente indignante, que el Estado – que es y ha sido la mayor fuerza represiva de la libertad del hombre –atribuya a una institución que ha limitado su poder, ha preservado la libertad del hombre, ha creado la dignidad de la persona, sus propios defectos –los del Estado– ¿Pero cómo puede creerse alguien a poco que piense que el Estado es la liberación del hombre y la iglesia su condenación?

Cuando es todo lo contrario «mi reino no es de este mundo» la fe a través de la razón es lo único que nos salva de la dominación total, del hombre por el hombre, de las cadenas de “los reinos de este mundo” Cristo es la libertad absoluta, es Dios que vino al mundo para revelarnos está verdad, eterna, incontestable: los cristianos solo nos arrodillamos ante Dios, y ese el mayor problema de globalismo.

La unidad que necesita el poder espiritual para enfrentarse al estatal es más que necesaria, las herejías debilitan a la iglesia, y deben ser desmentidas. Hecho que en la educación estatal presenta como una monstruosidad superlativa, cuando la realidad es que mientras que la iglesia invitaba a retractarse al hereje, e imponía penas de excomunión reversibles, el Estado expoliaba y expolia al ciudadanos, lo encarcelaba y condenaba a muerte a aquel que osaba contradecirlo.

El estado de ignorancia y decadencia intelectual del occidente es aberrante ¿cómo nos vamos a sorprender entonces de que la realidad no sea perceptible? ¿Vivimos en un estado de cosas análogo a Matrix?

Lamentablemente la respuesta a esta pregunta es que si, que el enlace pensar-ser en muy poco frecuente, y el Estado cada vez más totalitario y totalizante en que el vivimos no tienen ningún interés por que sepamos la verdad, por suerte aún hay un foco de resistencia en el que se puede confiar, y hay que ser muy escrupuloso: en este contexto yo no me fiaría de medios que dan sus titulares precedidos de la publicidad de un banco, e invitan al jefe de la oposición –Santiago Abascal– a prescindir del discurso anti-globalista.  Pero allá cada uno de lo que consume.

En la actualidad hay dos posturas sobre la realidad bien claras:

Primera: Estado nacionales se quieren refundir en uno solo para hacer el bien, y liberar al súbito en contra de todos sus antecedentes histórico-fácticos, solucionar los problemas de la humanidad, ayudar a las familias y combatir un virus que lamentablemente ha salido de un murciélago en un recóndito mercado del estado más totalitario del mundo, que prácticamente solo mata ancianos, y que de la casualidad, que ha desestabilizado las economías occidentales justo cuando estaban a punto de imitar la política arancelaria de Donaldo Trump, y reindustrializar sus países, dejando al Partido Comunista Chino la crisis económica que podría haber acabado con su régimen esclavista.

Segunda: Los políticos de los estados occidentales están dirigidos por las elites globalistas que acumulan el capital desde hace generaciones, el Estado quiere continuar su obra histórica de dominación, el virus es un arma biológica lanzada por China para preservar su poder absoluto en Asia.

En fin, que les voy a decir: que yo soy de esos que piensan mal, es una cosa que enseña la vida, y que se constata leyendo historia. Espero que no se confirmen mis hipótesis, pero mucho me temo, sin ánimo de difundir bulos –por si la fortuna de un ojo censor–, que esta verdad «que nos muestras en fragmentos como un enigma» quedará revelada muy pronto por los hechos.

Carlos Ferrández  López ( El Correo de España )