¡ Has mencionado a la bicha ! Nunca se imaginó José Félix Tezanos y su vergonzante CIS; por cuyo trabajo al servicio del partido socialista, pagamos todos los españoles ,92.424,43 euros brutos al año, y ex miembro de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE; que el sectarismo de sus aversiones iba a resultarle tan letal para el futuro de sus convicciones. Creyéndose inmune e impune entró en campaña, con la petulancia del que desprecia cuanto ignora, calificando a los votantes de la derecha madrileña como: “un voto tabernario”.

Desconoce el sociólogo de cámara y servidor de su amo, lo que representa el pueblo de Madrid a lo largo de su historia en los cambios de gobierno, de régimen y hasta de levantamientos y rebeliones, en otras épocas también llamados “motines”. Igualmente, al confundir lo publico de lo privado y su obligación social de informar con la devoción socialista de intoxicar, no supo medir sus palabras y servirse de la prudencia que da la edad. Pero ahí estaba el pueblo de Madrid, en 24 horas, para retratarlo.

Sólo Madrid es corte”, establecía el clasicismo de habla y alma hispana desde comienzos del siglo VII como algo transmisible entre generaciones, y a la que deben dar más importancia sus gobernantes actuales. En los cinco años en que Valladolid tuvo la capitalidad (1601-1606), con Felipe III (su valido el Duque de Lerma lo propició), más de 40.000 madrileños se trasladaron con la Corte, dando idea de la identificación familiar/vecinal/cortesana de la Villa de Madrid, capitalidad invariablemente mantenida hasta nuestros días.

El ruido de las campanas, fuegos y regocijos con que celebraba Madrid cualquier trascendental evento, se reduce, hoy, a la contienda electoral, donde tanto nos jugamos, madrileños y españoles. Las elecciones del pasado 4 de mayo han sido un plebiscito en toda regla de la capitalidad de todos los españoles contra el nuevo sátrapa, usurpador del poder mediante mociones de censura y que, una vez obtenido, se perpetua cambiando todas las reglas del juego y cogobernando con los enemigos seculares de la Constitución, nación y el pueblo que abiertamente desafían.

¿Tiene derecho el pueblo de Madrid a sublevarse? Y, con él, la mayoría del pueblo español. Nadie parece dudarlo y menos aún si esa rebelión es cívica, pacifica, ordenada y votada; aunque la influencia desde el poder y los medios de comunicación afines (casi todos) impidan ejercer, con conocimiento de causa, al pueblo sobre la conveniencia de su elección. Cómo previno y gestionó la pandemia sanitaria y subsiguientemente la económica el actual gobierno de Sánchez, habría servido en cualquier otra época menos civilizada, para motines, algaradas, incendios, ocupaciones y cientos de muertos.

Madrid, en 1766, con cien mil personas muy cabreadas ya le hicieron un motín al napolitano Esquilache, el corrupto valido de Carlos III; un rey sabio, prudente y urbanista. Era Domingo de Ramos y el paternal despotismo ilustrado chocaba con el celtibérico Madrid, cuyas transgresiones no toleraba. Poco faltó para que le costara el trono al monarca más reformista de la capital. La conflictividad especifica de Madrid comenzaba a tomar cuerpo por la triple conjunción de ser una ciudad cortesana, con una mayor población activa y mayor conflictividad social. Esa conflictividad permanece, aunque suavizada.

El pueblo de Madrid siempre tuvo un gran protagonismo en el conjunto de España; tal vez porque los sediciosos o cabreados sabían donde estaba el problema, como enfocar la acción y la estrategia a seguir para revertir la situación. Pocas veces fue una marioneta en manos de unas élites que buscaban sus intereses.

Las protestas se dirigen habitualmente contra los gobiernos y no contra la figura del monarca, a excepción de los conflictos de finales del reinado de Felipe IV. Ni siquiera el 14 de abril de 1931 fue la muchedumbre al asalto del Palacio Real. Los motivos de las revueltas fueron distintos, según la época, y no siempre relevantes para el estallido social. Pero éste siempre vino larvado por años de renuncias, de frustraciones y de penurias.

Unas veces fueron las alteraciones monetarias, bajada del valor de la moneda de “molino de vellón”, mediante pragmática real de Felipe IV en 1664. Otras, un año después, en 1665, con motivo de la derrota contra Portugal en la batalla de Villaviciosa y le cuesta el puesto al Conde Duque de Olivares.

En 1699 reinando Carlos II, se producen dos altercados, uno por la permanencia en la corte un regimiento llamado popularmente “chamberga”; y otro conocido por el “motín de los gatos” el 28 de abril del mismo año, que se lleva por delante al Conde de Oropesa, y es atribuida a la carestía del pan, aunque hubo un oculto interés dinástico en favor de los borbones franceses en contra de los austracistas del Conde de Oropesa y otros miembros del Consejo de Castilla.

En los disturbios populares siempre destacó el papel de alguna mujer, incitadora de la agitación o iniciadora del motín, terminando por ser icónicas. Siempre actuaron de catalizadores en defensa de los intereses de la muchedumbre, y habitualmente escapaban a su control. El clero también tuvo un papel destacado de influencia en la conciencia colectiva de los amotinados. Son la punta del iceberg del descontento social y comete un error quien lo menosprecia como Tezanos.

En esta “rebelión de los tabernarios”, no debemos apreciar el cuestionamiento del sistema, sino el de la política errática y absolutista que pretende imponer Pedro Sánchez. El pueblo empieza a ser consciente de la realidad del momento, de la debilidad de nuestras instituciones, incluida la Corona; y a reconocer a quienes son responsables directos del desatre.

Por ello sostengo que Isabel Díaz Ayuso sólo es un instrumento catalizador de la rebelión, al encontrarse en el momento presente en el lugar indicado. Fue lista y se adelantó a los aprendices de Maquiavelo y desactivó la osadía del asalto al poder en la capital, dejando que los madrileños se definieran. Pero, como Francisco Ronquillo en 1699, no sabrá que hacer con los rebeldes tabernarios, con causa, y tratará de no ser fagocitada por los futuros “amotinados de Casado”, contra ella.

Pero Madrid y España, con Vox a la cabeza, no puede esperar otro Trafalgar (1805), ni a un presidente que se crea Godoy, ni la abdicación al trono de Felipe VI. Porque la Unión Europea no va a corregir nuestro desvarío, ni decidirse a intervenir, como hiciera Napoleón por la Abdicacion de Bayona (mayo de 1808).

La sublevación de los madrileños se conforma, de momento con el 4 de mayo de 2021. Veremos que nos depara el futuro en el resto de España. La mecha, una vez más la prendió Madrid y la describió Tezanos. El voto de los tabernarios, es ya la imparable “rebelión de los tabernarios”.

Seguimos asistiendo, mientras tanto, a la ceremonia de la confusión que propicia el gobierno y sus terminales mediáticas, al creer no extrapolables las elecciones de Madrid al resto de España; considerar que el triunfo de Ayuso es el de Casado, y que Vox tiene marcado su techo y deben volver al paraíso del centro/derecha/liberal/reformista. Sigan con sus festines hueros, mientras Vox siga con sus ideas fuerza y programa, nada habrá que temer, aunque su organización interna sea manifiestamente mejorable, como se han batido en Madrid, merece el premio de un electorado fiel.

 “Hay quien se rasga las vestiduras cuando ve arder un contenedor de basura, pero ni se inmuta cuando alguien busca entre los desperdicios”. 

De igual modo hay quien sólo piensa en cómo recaudar impuestos para mantener su festín, pero sin acordarse de reducir los innecesarios gastos que su política arrastra. Ese despertador de conciencias es el que nos salvará definitivamente y esa será la revolución pendiente de Vox.

Jaime Alonso ( El Correo de España )