LA RENTABILIDAD DE LOS MUERTOS

Me  cuentan que algunos socialistas han modificado sus últimas voluntades para incluir una cláusula en la que se diga expresamente que si fallecen  durante el periodo de ejercicio de la Presidencia de Pedro Sánchez, se le prohíba que vaya al velatorio o su entierro y mucho menos que utilice su imagen para ganar votos.

No creo que sea cierto pero está muy bien visto porque después de la indecorosa utilización en que ha hecho el “doctor con Falcon” de la figura de Alfredo Pérez Rubalcaba al que odiaba porque no soportaba que fuese más brillante,  inteligente y coherente que él, y al que quiso maltratar en vida cuando desalojó de las listas a sus más cercanos compañeros, nadie en el duda que el personaje aprovecha hasta los muertos en beneficio propio.

Ahora hablando en serio existe un cierto malestar en las filas de la antigua guardia socialista con el tipo que provisionalmente está ejerciendo las funciones de presidente de gobierno,  a causa de la escenificación calculada que hizo durante las fechas del fallecimiento del hombre que sabía demasiado.

Hasta el propio Felipe González le pidió a Pedro Sánchez que recuperase para el proyecto socialista a hombres y mujeres de Rubalcaba, pero él permanece inasequible al desaliento en su camino de prescindir de todos los que no le lamieron los pies.

Elena Valenciano, Eduardo Madina, Susana Díaz, José Blanco, Soraya Rodríguez y un largo etcétera de damnificados  constituyen la estela de rencor y venganza contra los que  se distanciaron de Pedro Sánchez, pero  como se le está poniendo cara de sepulturero, si alguno de ellos muriese antes del próximo domingo – ¡Dios no lo quiera!-  les organizaría el mejor de los funerales imaginables.

En relación a la muerte y a los muertos más que teorías diferentes existen distintas prácticas necrológicas del trato o mal trato con los que la han espichado, porque la industria de aprovechamiento  post mortem es diversa aunque la más repugnante de todas es el aprovechamiento político de la imagen y la memoria de los  rivales o  enemigos.

El elemental respeto a la memoria de los que se van no es una práctica muy habitual en estos tiempos de insultos rápidos y cobardes en algo más de cien caracteres tipográficos, porque los espontáneos de la mala leche son multitud, pero una mínima honestidad intelectual nos debería llevar al menos a un silencio respetuoso, salvo que descubramos que el muerto nos resulta rentable, que eso es algo que en este caso se ha tenido muy en cuenta.

Diego Armario