LA REPÚBLICA DE IGLESIAS

Ayer, 14 de abril, España amaneció con 18.056 fallecidos y 172.541 personas contagiadas por coronavirus. Las cifras, en realidad, son mayores: no todos los que han muerto por la enfermedad han sido registrados como tales y la inoperante gestión de la epidemia por parte del Ejecutivo todavía impide realizar los test masivos que han servido para contener el virus en otros países.

Pese a ello, la estadística es lo suficentemente trágica como para calibrar el drama que estamos sufriendo y, sobre todo, establecer cuáles deben de ser las prioridades para afrontarla. Pero mientras los registros de defunciones escriben esos miles de nombres, el vicepresidente Pablo Iglesias se permite anunciar que, ahora que sabemos «cuáles son las cosas que verdaderamente importan»,es el momento idóneo para cambiar la forma del Estado.

Las obsesiones trasnochadas de Iglesias lo han llevado al delirio de reivindicar la II República, que naufragó por la violencia sectaria de ideologías como la suya. Y lo ha hecho cargando sin descaro contra el jefe del Estado, relacionándolo con un militarismo inexistente, mostrando una desleatad pasmosa al sistema constitucional del que ahora tanto presume y cuyo Gobierno vicepreside.

Esta ofensiva contra el Rey debería estar causando gran malestar en el ala socialista del Gobierno, que ve cómo sus socios radicales alimentan un debate ficticio pero dañino para la estabilidad en plena emergencia nacional.

Como dice Iglesias, hay que reordenar las prioridades: los españoles esperamos que el principal partido del Gobierno convenza a su aliado para que regrese al siglo XXI y ayude a superar una pandemia.

El Mundo

viñeta de Linda Galmor