LA REVOLUCIÓN PERDIÓ EL AUTOBÚS

Sonríen monjiles, con picardía de novicia, los escribas de la derecha para relatar que las vanguardias agraristas del SAT (antes SOC: para que se entienda, la horda de Marinaleda y alrededores) llegaron tarde anteayer a su cita con la revolución.

En el arte de la guerra, la puntualidad está sobrevalorada y que le pregunten, si no, al general Castaños, Duque de Bailén por su victoria en una batalla, la primera que el ejército napoleónico perdía en campo abierto, que fue donde fue porque el buen hombre retrasó, se cuenta que por afición a la siesta, su llegada a Andújar y se topó allí con la gabachada de Dupont. Cañamero y su mesnada, así, habían previsto escrachar al gobierno regional entrante a las seis de la tarde pero el taimado Moreno Bonilla comió como los pavos por tal de estar investido a las cinco, burlando de este modo la protesta de una fuerza jornalera que no se anima a rodear el Parlamento sin haber dado la cabezada reglamentaria: qué menos, si se habían apretado detrás de la corbata un termo ahíto de lentejas con su bollo de rigor, dos naranjas como antigripal de la huerta ahora que estamos en periodo, el chupito cazallero para combatir el frío y un café con pâtisserie mignonne, que dónde está escrito que sea incompatible la conciencia social con la repostería fina.

Si hay que caer en tromba sobre los poderes fácticos, se cae, pero es tontería hacerlo a panza hueca y puramente idiota irse de manifa con sueño atrasado. Los fascistas, que son muy taimados, retranquearon el cronograma de la alternancia para impedir que la zurdera cumpliese con su decimoséptima jornada consecutiva de lucha; de lucha contra el resultado electoral, que es manera harto estrafalaria de entender la democracia, pero a ver quién le pone el cascabel institucional al gatazo del totalitarismo.

Lucas Haurie ( La Razón )