LA SÁBANA DEL FANTASMA

Toda la presión vuelve a estar sobre Esquerra y en última instancia será el presidente del Parlament, Roger Torrent, republicano, quien tendrá que decidir si acata la decisión de la Junta Electoral Central o se planta por no hallarla procedente.

Puigdemont celebró ayer en la intimidad la sentencia, porque inhabilita a Torra tal como él mismo lo había hecho en octubre, cuando el todavía president planteó un segundo referendo de independencia sin consultárselo: y también porque su rival más feroz, que no es el Estado, ni el Gobierno, ni la derecha, sino ERC, vuelve a estar en el rincón, con el papelón añadido de investir bajo estas circunstancias a Pedro Sánchez. Torrent tendrá que elegir entre la inhabilitación por desobedecer una instancia judicial – si «hace un Atutxa»- o ser insultado por el grueso del independentismo si finalmente cumple con su deber.

La sentencia de ayer fue una cierta victoria para Puigdemont, que de todos modos no deja de ser un pobre fugado aburrido y solo en Waterloo que canta Take me home, country roads por Navidad, rascando como un energúmeno su absurda guitarra.

Igualmente absurda, cursi e impropia de un presidente que pretende ser tomado en serio fue la reacción de Torra a la sentencia, jugando otra vez con sus pancartas de quita y pon y permitiendo que la ANC arriara la bandera española del palacio de la Generalitat para volverla a izar pasados unos minutos. Simbología de casa de muñecas. Parodia del soldado. Fue un espectáculo lamentable, criticado hasta por Esquerra, que vuelve a sentir el miedo y el ruido de las «155 monedas de plata», aunque ahora más bien es el de sus piernas temblando.

La investidura de Sánchez está más difícil de lo que estaba, pero lo más seguro es que prospere porque las alternativas son incluso peores para los republicanos. Por lo tanto, la tensión continúa estando donde estaba, que es en la rivalidad feroz entre ERC y Convergència por controlar la Generalitat y tener su presidencia.

Torra ha sido inhabilitado por la JEC, pero en el fondo ya lo estaba, por papanatas, por sus propios compañeros y mentores, lo que es más humillante. Queda por saber si en su agonía va a llevarse a Torrent por delante, si Esquerra cederá una vez más a la presión irredenta o será por primera vez razonable, y si los catalanes, cuando nos llamen a votar lo haremos por fin con cabeza o continuaremos agitando la sábana del fantasma.

Salvador Sostres ( ABC )