LA SALCHICHA POLÍTICA

Macron le debemos la recuperación de la máxima atribuida a Bismarck sobre las leyes y las salchichas: no nos conviene saber cómo se cocinan. La invocó para no dar detalles de una acalorada discusión telefónica con Trump y fue fácil pensar en España. Cuando Pedro Sánchez salió victorioso del impeachment a Rajoy, a muchos nos resultó pavoroso pensar en cómo se había cocinado esa receta, a cambio de qué ingredientes de derribo del Estado constitucional se consiguió el apoyo de Bildu, de Podemos y de los indepes catalanes. Las abuelas conservadoras se mandaban por WhatsApp recuerdos del Frente Popular.

Pero el spin doctor de Sánchez, el Panoramix Iván Redondo, presentó un Gobierno con perejiles tranquilizadores. Los ingenuos respiramos: Habían engañado a todos. Disfrutamos leyendo las reacciones furibundas de Otegi y de Pablo Iglesiasa ese consejo de ministras y ministros. La única cesión al PNV había sido que Redondo disimulara su calva como Anasagasti.

Pero Meritxell Batet ha hablado sobre la reforma constitucional para acomodar a los que se han saltado las leyes en Cataluña y hemos vuelto a pensar en la receta de la salchicha política. Algo debía de saber Soraya Sáenz de Santamaría dada la cara que puso detrás de Batet en el traspaso de poderes. El sábado aparecía el nombramiento de Eduard Roig Molés como “Director del Gabinete de la Ministra de Política Territorial y Función Pública”. Ponía Eduardo. Pero firma artículos como Eduard. Defendió la aplicación del 155, pero estuvo de consejero del Zapatero que prometió aprobar todo lo que saliera del Parlament catalán.

Al final, la salchicha parece tener mucho ajo. Se repite. Hacerles tragar a gran parte de los españoles la cesión de más privilegios a los niños llorones y mimados del Estado es cada día más difícil. Lo disimularán con los artificios de un Gobierno progresista, feminista, europeísta que intente dejar a la oposición vestida de cavernícola. Cuando el apaño con la Generalitat esté adobado, será la hora de ver qué tal el militante Borrell.

Mientras, estudiaremos el BOE. Suerte, Eduard. Eduardo.

Berta González De Vega ( El Mundo )