LA SOLEDAD DISFRAZADA

El humorista catalán Eugenio describió perfectamente el sentimiento dramático de la soledad cuando  le hizo preguntarse  a uno de sus personajes, que estaba agarrado a la raíz de un árbol y a punto de caerse al vacío:  “ ¿Hay alguien ahí? ”

Esa pregunta, que unas veces es un susurro y otras un grito desesperado se la hacen demasiadas personas en estos tiempos de desapego, artificio, postureo y escasas caricias, porque casi todo lo que consumimos , incluidos los afectos, viene empaquetado, diseñado o está fuera de nuestro alcance real.

Unas veces  porque no tenemos tiempo y otras porque nos falta valor, vivimos al otro lado de la realidad, colgados de un mundo virtual y  enganchados a un aparato a través del cual nos llegan mensajes o signos de apoyo y asentimiento,  pero ninguno de ellos puede sustituir un abrazo, una mirada cómplice, o el sonido de una voz que te dice “cuenta conmigo” o  “ te quiero”.

Sin embargo,  aunque  no exista nada  mejor que los afectos de voz y de piel, no creo que haya que desmerecer los que llegan a  través una red social  porque poseen un valor terapéutico  en esos momentos en los que alguien necesita  una frase, un guiño o una respuesta que le haga sentirse mejor.

No deberíamos vender tan caro el halago, la palabra amable, el gesto de cariño y de comprensión hacia alguien que intuimos que lo necesita o que le va a subir la moral, cuando sabes que la tiene bajo mínimos.  Sería un buen regreso a las costumbres de antaño cuando la gente se saludaba por la calle o le deseaba a los demás un buen día, aunque no le conociera de nada.

Yo soy más de achuchones que de frases de consuelo, que también se agradecen,  porque hay gente que se siente mejor cuando descubre que no está sola, aunque sea a través de un mensaje  de afecto que sabe a besos.

Como me conozco al personal que lee estas cosas que escribo, imagino que alguien pensará que me estoy amariconando, porque hoy en vez de darle cera a alguno de mis clásicos estoy gritando como los hippies de los años 60, aquello de haz el amor y no la guerra.

¡Que no cunda el pánico! Sigo siendo el de siempre, lo que pasa es que hoy le he dado un descanso a Pedro Sánchez.

Diego Armario