LA SOLEDAD DE LA RAZÓN CIUDADANA

Y Cataluña votó. Votó como nunca había votado, batiendo todas las marcas de participación, movilizada por la conciencia de un momento decisivo. La histórica participación es la respuesta de un pueblo plural sometido a una presión absolutamente singular desde que en 2012 Artur Mas decidió irresponsablemente prender la mecha del procés.

Desde entonces un estado de agitación creciente se fue apoderando de Cataluña, acompañado por el progresivo desprecio a la legalidad vigente, en una espiral que culminó con el despojo de los derechos políticos de la oposición en el Parlament, la celebración de una referéndum prohibido, la proclamación unilateral de la independencia y la contestación del Gobierno -apoyado por PSOE y Ciudadanos- en forma de artículo 155 de la Constitución.

Por eso no se entiende bien la sonrisa de Puigdemont en Bruselas, más allá de la satisfacción de probar su influjo sobre un número suficiente de catalanes como para alzarse con la hegemonía del bloque separatista a costa de ERC. Lo previsible es que se reedite la conjunción en el poder de las tres siglas que llevaron a Cataluña a esta situación. Lo previsible, por tanto, es que una unilateralidad retomada vuelva a topar con el 155, que solo se revocará si es investido un president respetuoso de la ley.

Lo previsible, por desgracia, es que la fuga de empresas no solo no se revierta sino que se acelere a partir de hoy mismo. Porque los motivos que llevaron a los empresarios a marcharse de una comunidad sumida en la inestabilidad política y la inseguridad jurídica no sólo siguen vigentes, sino que se han renovado. El eterno retorno del procés amenaza con lastrar seriamente la recuperación económica y embarrancar definitivamente el progreso y la convivencia en Cataluña.

El Mundo