Hoy es sabido que, ante el caos en el Gobierno del «doctor», las eléctricas no son culpables sino víctimas, cuestión ésta que también ha reconocido Europa.

El Día de la Hispanidad hemos comprobado que Pedro Sánchez no se ha puesto en paz con la ciudadanía. Una vez más le han llamado de todo, menos bonito.

Le pasó en Madrid y le volvió a pasar en Salamanca, Cáceres, Alcalá de Henares, incluso en Valencia el pasado domingo, coincidiendo con el Congreso del Partido Socialista: al preguntar a unas jóvenes por los estudios, respondieron los padres con retranca o recochineo y, al alejarse, comenzaron los silbidos y gritos de «¡Fuera, fuera!» al presidente; de ahí que se acercara uno de sus fieles para decir al público que «habían prometido no gritar al presidente».

Fíjense hasta dónde pretende llegar el control, pero ni con esas. El «doctor» ya es un personaje antipático en sí mismo, sin ningún carisma e incluso, para muchos, despreciable, sean mayores o pequeños.

En el inicio del curso político, los cientos de asesores de Sánchez se habían propuesto cambiar el estilo presidencial. Se trataba de que fuera más cercano a la ciudadanía, más suave en las formas y menos rojo con sus pretensiones, pero la realidad lo ha frustrado todo.

¿Y cuál es la realidad? Pues es cruda, pero la subida de la luz es la que más está perjudicando al presidente, como le perjudicará la subida del IVA de las mascarillas a partir del 1 de enero de 2022. ¡Ah, y menos mal que no creemos en la superstición que dicen conlleva la «maldición de la exhumación» del abuelo Patxi!

El 31 de diciembre se acaba el plazo para el IVA reducido y con el nuevo año el Impuesto del Valor Añadido de las mascarillas volverá al 21%, como lo era al principio, antes de que Europa dejara con las posaderas al aire al presidente, a Nadia Calviño y a María Jesús Montero, ministra de Hacienda y una de las culpables del gasto en prostitutas, drogas y fiestas con el dinero de los parados andaluces.

Y más, más culpabilidades que antes o después deberá analizar y juzgar la Judicatura, último reducto tras el que se cobija la ciudadanía; sobre todo una vez que han fallado los partidos de la extrema izquierda, enmierdado los de centro y los de derecha aún arrastran sus pasadas causas de corruptelas.

Aquel intento de dulcificar la imagen presidencial se les ha ido a los asesores por los sumideros de sus propios albañales. La subida de la luz, superando el 210%, es un claro ejemplo de la torpeza ministerial de Teresa Ribera y todo su equipo. No sólo es tema en los corrillos de la ciudadanía y sociedades económicas, sino también del Ibex35 y de las propias eléctricas.

Hoy es sabido que, ante el caos que alumbra al Gobierno del «doctor», las eléctricas no son culpables sino víctimas, cuestión ésta que ha sido reconocida por Europa, de la misma forma que se reconoce la deficiente gestión que Sánchez y su Gobierno están haciendo del control de la brutal subida de la luz.

 La Comisión Europea achaca a Sánchez que el Gobierno español tiene un margen de un 61% para bajar el precio de la luz, cosa que es cierta; no obstante, Pedro Sánchez está atrapado entre las vulgares aspiraciones de «Hundidas Podemos» y la realidad del gasto inoperante, el exceso de chiringuitos inservibles de gran coste y la necesidad de impuestos para sujetar un globo que, tan pronto como estalle, reventará cuanto encuentre a su alrededor.

¿Recuerdan, amigos lectores, los brotes verdes a los que aludía Rodríguez Zapatero en la crisis anterior y que se quedaron en agua de borrajas o se secaron? Pues no pierdan de vista las tropelías didácticas y tonterías a mansalva que predican personajes como Calviño, Tere Ribera, la «Chiqui» o el propio presidente.

Al menos, Yolanda Díaz, más conocida como «Antoñita la fantástica» entre la gente de Podemos y las asesoras de Irene Montero, es prudente y evita incurrir en estupideces tras su incapacidad en TVE para explicar lo que era un ERTE.

Y no será porque no se lo dejó perfectamente regulado y entendible, Fátima Báñez, ministra de Empleo y Seguridad Social entre 2011 y 2018. Justo es reconocer que la ministra de Rajoy fue una adelantada a su tiempo y — si no hubiera dejado regulados con precisión y realismo los ERTE– al Gobierno del «doctor cum fraude» se le hubiera derrumbado por completo la economía durante y postpandemia, arrastrando empleo, paro y bienestar social.

La «Yoli» y Sánchez, escoltados por Calviño y Tere Ribera, se la juegan. Cualquier paso en falso va a traer sanciones, incluso retrasos en la llegada de los fondos «Next Generation». Sánchez ve su salvación echando la culpa de todo a las eléctricas, desde falta de solidaridad y nula empatía con la ciudadanía hasta tener beneficios desorbitados.

Pero es mentira. Lo sabemos nosotros y lo sabe Europa. Esa encrucijada puede acabar con él y sancionar el fin de sus mentiras.

«Las eléctricas se sienten víctimas y no verdugos de una gresca montada desde el Gobierno para intentar salvar su imagen pública, que lleva camino de acabar totalmente chamuscada», en palabras de Amador G. Ayora, director de El Economista. No es admisible que el Gobierno maximice sus beneficios fiscales a costa del bienestar de la ciudadanía.

Un Gobierno rémora es un Gobierno tal y como el que tenemos. Y así nos cubre el pelo.

Jesús Salamanca Alonso ( El Correo de España )