LA TABERNA DE PLATÓN
EPISTOLA A LOS MACARRENSES

-El Iglesias llegó a la política de chamba…Como en un juego…Como en un concurso de esos de la tele…Lo que pasa es siendo un pringue como es, se equivocó de concurso…

-Él quería participar en el “un, dos, tres” por aquello de llevarse el chalé, pero estando apardalao como estaba, lo metieron en “la ruleta de la fortuna”; un jueguecito que te tienen horas y horas haciendo el canelo y luego te mandan a casa con 200 euros de premio o menos.

-Y cuando por fin llegó se dijo: “esta es la mía” y pretendió jugársela a juegocartas a los mafiosos del Psoe, sin saber que esos llevan haciendo fullerías más de cien años jugando siempre con las cartas marcadas….¡Pero bueno! él era un payo vallecano y no da pa más.

El Sánchez, que será pelín sicópata pero que de tonto na de na, en apariencia aceptó la partida y pilló al bobainas por banda, de modo que disimulando, el presi jugaba al póker con seis ases y el pringao creía que era a las “siete y media”…

-Y como todo el mundo sabe, en ese juego si no llegas no ganas y si te pasas pierdes…

-En esto llegamos al día de hoy…

-Los menos tontos de Podemos que se vieron la tostá, se pasaron a otros navíos filibusteros a ver si; y el pobre macho alfalfa, lo único que ha conseguido, además de cabrear a los suyos, es cabrearse él como un mico y cabrear a su santa que se ve con tres rorros y sin ministerio de lo que sea.
Y el Pedro cazando al acecho; esperando la bajada de calzones definitiva y el ofrecimiento en pompa del marchito líder ya que ambos saben que como dijo Julius: ”la suerte está echada”…

-Si hay nuevas elecciones, monsieur Robespierre Iglesias, será guillotinado en la plaza pública por los suyos propios y estos, Podemos incluidos, se irán a la mierda directamente que es de donde muchos de ellos no debieron de salir nunca.

-Y posiblemente ya hoy en día, duerma en el sofá de su chaletón ya que su santa no creo que tenga el cuerpo pa juergas, pensando en de donde va a sacar para las letras de casutón y los bibes y pañales para la recua.

Texto y viñeta de Agustín Muro