GORRIONCILLO, PECHO AMARILLO

-El jueves pasado, en viaje de fin de semana de Valencia a Cartagena, mi santa y yo tomamos un tren de esos que en mitad del vagón llevan cuatro asientos encarados, separados por una mesa plegable.

-Nada más aposentarnos se instaló ante nosotros un individuo de mal gesto y poca educación que ni saludó al sentarse y que al quitarse el abrigo dejó al descubierto un lacito amarillo catalanufo.

-Notó el fulano que a mi vez me había percatado de lo del lacito y adoptó un aire prepotente que más o menos venía a significar: “Aquí estoy yo en territorio hostil tratando de dar pol saco”

-Yo que cuando viajo llevo de todo por lo que pudiera pasar, arranqué una hoja en blanco de mi diario y con un rotula negro de punta gorda que llevo para disimular las canas del bigote, escribí sobre la hoja: “Tabarnia independiente” y me la prendí en el pecho.

-Dio un respingo, torció el gesto y empezó a moverse en el asiento como si de almorranas se tratara y al poco, sin poderse contener, me espetó: “caballero”, su actitud me parece una gravísima provocación a mi libertad de opinión”.

-Le sostuve la mirada con otra mía de acero helado y sin inmutarme respondile: Mire usted, o me habla en perfecto catalán o me veré obligado a ignorarle a usted y a sus tontos argumentos”

-Se levantó como impulsado por un resorte; arrambló con sus trastos y con algo que lo mismo podía ser bufido que aerofagia, se perdió por el pasillo, no se a donde.

-Suerte tuvo que el tren iba medio vacío que si no, va de pie hasta Cartagena o donde fuera que fuese.

Viñeta y texto de Agustín Muro