LA TERNURA DE LA DEMOCRACIA

El Ejército es la ternura de la democracia. Este odio que tantas veces profesamos contra nuestros soldados es, además de irracional, una de las mayores demostraciones de atraso cívico, mental e intelectual de nuestra era. Sin ejércitos no hay libertad -ni paz-. Sin ejércitos la vida pierde valor y sentido.

No ha habido ninguna esperanza de convivencia pacífica, libre y próspera que haya podido concretarse sin un buen ejército, y la fuerza de La Civilización no es la razón sino la fuerza de los ejércitos con que la defendemos. Si existieran otros ejércitos más potentes que los nuestros, la razón cambiaría de bando hasta que de nuevo nuestros soldados volvieran a ser los más fuertes. Cualquier otra visión es naíf, muy tinta, contraria a las enseñanzas de la Historia.

Nuestro Ejército es además la expresión de la mejor España: por su profesionalización, por su competencia, por su modernidad, por su solidaridad, por la extraordinaria capacidad de sacrificio de nuestros soldados, a los que casi nunca les agradecemos que den su vida por nosotros. Somos demasiado pedantes y demasiado ingratos.

La ovación murciana que ayer recibió la Unidad Militar de Emergencias, tras su decisiva labor para paliar los efectos de la gota fría, fue una estupenda noticia en estos días de tanta mediocridad institucional y política. Tendríamos que aplaudirla cada día, a nuestra tropa, tendríamos que darle las gracias, como el Padrenuestro que rezamos antes de acostarnos.

Cada vez que la izquierda más ignorante critica el gasto militar, cada vez que de este modo desprecia a los hombres más valerosos, abnegados y generosos de España, cada vez que da fatuas, cínicas, indocumentadas lecciones del más falso pacifismo oponiéndolo a la imprescindible industria armamentista y a la actualización de nuestro ya de por sí diezmado arsenal, Hitler desde el infierno lo escucha y piensa: «Qué lástima que no me tocaran estos idiotas en mi tiempo, porque el III Reich sería todavía hoy el único gobierno de Europa».

Aplaudir al Ejército es reconciliarnos con la verdad. Abracemos a nuestros soldados. Recemos por ellos. En la desgracia, en la emergencia o en la guerra, y ante el mal que se presenta del modo más descarnado, sólo los ejércitos permanecen cuando los demás desfallecemos o estamos asustados.

Bienaventuradas las naciones -Valentí Puig lo dice- que tienen misiles y hormonas.

Salvador Sostres ( ABC )