Los jacobinos implantaron La Tiranía de la Libertad. Para proclamarla se sirvieron del Terror y de verdugos con toga como Fouquier-Tinville. Los socialistas y comunistas españoles han implantado ya la Tiranía de la Democracia, con la colaboración del Terror separatista y de la estúpida derecha, políticamente adolescente e intelectualmente oligofrénica.

Para blindar su farsa no basta con plebeyizar la democracia dándoles escaños y prebendas a los bilduetarras, a sus líricos exégetas de Podemos y a todos los catamañanas que vegetan en su mayoría parlamentaria. No, no basta. Para blindar su farsa democrática necesitan un control, más que absoluto, totalitario sobre el Poder Judicial. Necesitan jueces que solo se inmiscuyan en las res pública para atajar la libertad, jueces con la despensa de dignidad más vacía que el ojo de Polifemo y con más ambición que el petate de un mercenario.

Adaptando la eficaz fórmula de Pablo Escobar para comprar voluntades, “Plata o plomo”, a las sutilezas de la farsa democrática, “promoción profesional o Juzgado de Primera Instancia en las Islas Chafarinas”, consiguieron asesinar a Montesquieu y gangrenar el Poder Judicial.

Creían tener ya embridado y con ronzal a todo el gremio, pero más de dos mil quinientos jueces se han atrincherado en las Termópilas de su independencia  denunciando en Bruselas la maniobra estalinista del Gobierno para convertir el Consejo General del Poder Judicial y el Tribunal Supremo en un comisariado político del PSOE, de Podemos y de los separatistas.

Creían que la vieja puta flamenca, que amorosamente acuna en su marsupio al prófugo felón de Puigdemont, les iba a dar el plácet para elegir jueces y magistrados como se reclutan matones para apedrear a VOX en Vallecas.

Pero la vieja puta flamenca sabe que hay apariencias que no se pueden desnudar y convenciones que no se pueden violar, si se quiere mantener la farsa con un mínimo de verosimilitud. Y la farsa es muy rentable. Por eso ha dejado al Gobierno y a la mitad del Parlamento español en un ridículo democrático que ni las complacientes mentiras de sus juglares periodísticos son capaces de edulcorar.

Pero no cantéis victoria, porque la negativa de la vieja puta flamenca a que SánchezIglesias y sus cómplices hispanicidas conviertan la totalidad del Poder Judicial español en la Guardia Pretoriana de su agenda política no significa que los ectoplasmas de Poncio Pilatos y de Eduardo Iglesias Portal, el magistrado que condenó a muerte a José Antonio Primo de Rivera sabiendo que era inocente, vayan a desasparecer de la Justicia española por un tirón de orejas de la madame de la Logia de Bruselas.

No, no os hagáis ilusiones, el Gobierno no escarmentará, multiplicará sus dentelladas de rencor mientras acumula frustración. ¡Cuerpo a tierra!

Eduardo García Serrano ( El Correo de España )