LA TRAMPA DE LOS GOLPISTAS

La demanda interpuesta en Bélgica por los golpistas fugados, capitaneados por Puigdemont, contra el magistrado de la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo Pablo Llarena, persigue distintos fines, como son: dañar la imagen de España en el extranjero; perjudicar al juez por hacer su trabajo; fingirse víctimas de lo que tratan de presentar como un siniestro Estado tiránico; disculpar ante sus correligionarios independentistas su cobarde huida de la acción de la justicia; y, sobre todo, colocar a este Capitán Araña, gran líder supremo del movimiento supremacista en el que milita el president Torra, en la primera línea de la actualidad mediática, ante el riesgo de que su ausencia de Cataluña le prive del protagonismo que sus insatisfechas aspiraciones políticas precisan.

Tan clara es la añagaza urdida en Waterloo que sorprende que la ministra de Justicia y la vicepresidenta del Gobierno mordieran el anzuelo, para pasmo de la comunidad jurídica. Contaba el Ministerio con dos informes de la Abogacía del Estado sobre la necesidad de la prestación de asistencia jurídica al demandado en el proceso para invocar la inmunidad de jurisdicción ante el juez belga y el Consejo General del Poder Judicial, amparando al magistrado, la había solicitado.

Felizmente, después de la enérgica protesta de todas las asociaciones de jueces y fiscales, salvo una de ellas, el presidente del Gobierno ordenó rectificar la ejecución de la política del avestruz y sacar la cabeza del Estado de la arena pantanosa en la que los golpistas querían verla hundida.

Nicolás González-Cuéllar Serrano ( El Mundo )