LA TRAMPA DE LOS NÚMEROS

Ser partidario de la independencia de Cataluña es la expresión de un deseo. Y los deseos, en democracia, se pueden manifestar libremente por cualquier medio, pero por sí solos no generan derechos. Para esto es menester convertirlos en ley por voluntad de la mayoría del pueblo.

En España, ese pueblo es el español, el titular del poder constituyente y el único sujeto soberano cierto. A efectos jurídicos, el pueblo catalán carece de reconocimiento más allá del marco territorial y competencial establecido en los estatutos y demás normas de autogobierno.

Por tanto, resulta irrelevante que el número de catalanes favorables a la secesión crezca más o menos; la ruptura de la integridad del Estado no es posible en el actual ordenamiento y no depende de ningún tanto por ciento. Bueno, sí: depende del porcentaje de españoles que estén dispuestos a amputarse una parte de su soberanía para satisfacer a los separatistas en su empeño. Y no parece que sean muchos, de momento.

Ignacio Camacho ( ABC )

viñeta de Linda Galmor