LA TRAMPA REPUBLICANA

Hay que reconocerle a la izquierda que ha puesto el listón muy alto con su trampa dialéctica en torno al Rey emérito. Si alguien defiende la Monarquía, es el burdo justificador de un rey con vitola de corrupto condenado de antemano, o un rancio de otra época convertido en un obstáculo contra la instauración de una república legítima con pureza de raza.

Y si por el contrario alguien censura a Don Juan Carlos, acata el manual del buen progresista para sumar un voto virtual más para el advenimiento de otra república. Piense cualquiera lo que piense, la izquierda gobernante ha conseguido imponer en el ideario colectivo la impronta de una nueva república en construcción, el revanchismo ideológico y divisor, la superación de los consensos constitucionales, y la progresiva caducidad de una Monarquía venida a menos abocada a la renuncia o al exilio.

El diagnóstico revisionista dibujado por la izquierda es demoledor porque en cualquiera de sus variantes el resultado final seguirá siendo el mismo: la Corona sobra.

Sin embargo, más alto apuntó Don Felipe adelantándose a esta opresión de griterío republicanista con una declaración inédita contra los intereses de su propio padre. Es Don Felipe quien desautorizó antes que la propia izquierda las turbias actividades del pasado que hoy investiga la Fiscalía…, por cierto con un reducidísimo margen para la presunción de inocencia. Pero por desgracia, ese derecho hace tiempo que dejó de estar vigente en España convenientemente sustituido por la pena de telediario…

Ni sobra la Corona ni arde la institución. En cambio, sí sobra la sobreactuación del PSOE votando a favor de que el Parlamento navarro retire un cuadro de Don Juan Carlos para satisfacer a la flor y nata del tardo-nacionalismo navarro, a la izquierda doctrinaria y a la herencia de Batasuna. María Chivite ha vuelto a agradecer su presidencia foral con esos gestos que tanto satisfacen a los «hombres de paz» como Otegui.

El socialismo no solo ha condenado anticipadamente al emérito. Va más allá. Es la corrosiva simbología que encierra ceder ante sus socios para avanzar en el sacrificio inquisitivo de la Monarquía por mucho que lave parcialmente la conciencia vetando comisiones de investigación.

Manuel Marín ( ABC )

viñeta de Linda Galmor