LA TRANSICIÓN QUE NO CESA

Tanto hablar de la Transición y ahora resulta que transitábamos no hacia una meta, la de la reconciliación de los rojos y los azules, los franquistas y los antifranquistas o los continuistas, los reformistas y los rupturistas, sino hacia la línea de salida.

Nueva versión de dos clásicos: el Viaje alrededor de mi cuarto, de Xavier de Maistre, y el Viaje a ninguna parte, de Fernando Fernán-Gómez. O, si lo prefieren, algo similar a un buen chute de farlopa, ese polvillo maléfico que clava en el suelo los pies de sus usuarios y los obliga a girar sobre ellos mismos como quien baila un chotis.

Los socialdemócratas -PP, Ciudadanos y PSOE- arriman el ascua a ella… A la Transición, digo, no a la farlopa. Los de la izquierda neofacha -Podemos y sus heterónimos- la culpan de haber cerrado en falso la querella de las dos Españas. Los nacionalistas la satanizan.

Pero casi todos, excepto Vox, respaldados por la opinión pública y la mayor parte de la publicada, se acogen a la necesidad y posibilidad de llegar a un gran acuerdo de Estado, similar, en definitiva, al de los pactos de la Moncloa, que se remontan a octubre de 1977, para detener la glaciación parlamentaria y revertir el deterioro de la Constitución, de sus precuelas y de sus secuelas.

Las nieves del tiempo agrietaron su sien. Claro que en aquella época aún había políticos de cierta altura intelectual, aunque no siempre moral, como Suárez, Felipe, Guerra, Fraga, Calvo-Sotelo, Tierno, Roca e incluso Carrillo (Paracuellos aparte).

No eran taumaturgos ni genios en su botella, pero tenían un pasar. Ahora, con la mediocridad reinante entre quienes desde el trampolín de la res pública se dedican a crear problemas en vez de resolverlos, el pactismo sabe a pasteleo ideológico y a pastiche de intereses de moqueta.

Yo, al menos, lo entiendo así. Si fuese socialista no querría que Sánchez se diera el pico con Casado y si fuese pepeísta tampoco. Sus programas son incompatibles y ésa es la razón por la que muchos matrimonios terminan como la guerra de los Rose.

Estamos donde estábamos. Se habla de Franco tanto como se hablaba cuando murió. O más. Reforma, ruptura y revolución siguen sobre el tapete. Hispanus hispano lupus.

Yo, que no soy de nadie, el 10 de noviembre me quedaré en casa. O no. Según me pille. Si no llueve… Puesto a votar, sólo lo haría por Vox, pero estas elecciones son un paso más hacia el abismo. ¡Basta ya de Transición!

Fernando Sánchez Dragó ( El Mundo )