LA TRANSPARENCIA DE LA SUPERVEDETE

En la elaboración de cualquier índice de transparencia medianamente trabajado intervienen tantas variables como formas adquiere el ejercicio de la ocultación. En el caso del palacio de La Moncloa, templo del simplismo de Instagram, no hay que rellenar muchas casillas ni comparar escalas de valoración para llegar a la conclusión de que Pedro Sánchez evoluciona de forma favorable en el proceso de visibilización de sus políticas.

Desde el episodio aeroportuario protagonizado por José Luis Ábalos, reconstruido a través de una metodología disruptiva, o a golpes, como se decía antes, Sánchez no ha dejado de posar ante las cámaras para que en la última semana lo veamos con el presidente de Argentina, con el negociador comunitario del Brexit, con la selección

de waterpolo, con los agentes sociales, con el equipo de balonmano y con los promotores del Foro Global contra la Neumonía Infantil. De tanto subirla y bajarla, la escalera de entrada de La Moncloa parece la del Folies Bergère. El vedetismo era esto.

El día que se presentó allí Gabriel Rufián hecho una pantera del Besós no llamaron a los fotógrafos, una casualidad, como tampoco hubo cámaras en el agasajo VIP a Delcy Rodríguez en Barajas, pero en lo fundamental Pedro Sánchez se deja ver y retratar: llama a la prensa, baja la escalera y la sube mientras sonríe con todo lo que tiene.

Para salir con el gesto torcido no se pone a tiro, y en eso parece más un candidato en campaña que un presidente en ejercicio, incapaz de asimilar, mucho menos compartir, los rigores y las muecas que conlleva su cargo.

Mientras esté contento, que diría Pedro Almodóvar, no tenemos de qué preocuparnos. Que el presidente del Gobierno no acepte preguntas y se limite a posar da la medida de su sentido de la transparencia y de su grado de arrevistamiento.

Aunque no acepte preguntas y celebre las sesiones de control en TVE, tanta exhibición de photocall -dientes, dientes- debería tranquilizarnos: mientras se deje ver no está con aquellos con los que no quiere salir en las fotos y con los que pone otra cara.

Jesús Lillo ( ABC )