LA TRANSPARENTE

Pocos donostiarras han hecho tanto por su ciudad a cambio de caer en el olvido como Javier Satrústegui. . Presidió durante decenios el Real Club de Tenis de San Sebastián, coincidiendo su gestión con el periodo de más alto prestigio del club de Ondarreta. Cuando el Náutico pasó por dificultades, se hizo cargo del Real Club de las históricas regatas donostiarras. Las bahías de San Sebastián y Santander fueron las más navegadas por los pioneros regatistas españoles, encabezados por el Rey Alfonso XIII.

En el formidable libro «Los Barcos de Alfonso XIII» de Luis Touron Figueroa, se resume la historia de aquellos años de balandros y glorias del señorío. También frecuentaron los regatistas primeros la bahía del Abra. Los de Bilbao, siempre potentes y dispersos, tenían tres clubes relacionados con el deporte en la mar. Los tres «Reales». El Náutico, en Bilbao, y el Sporting y el Marítimo en Guecho. Una galerna, un nortazo loco, hundió el Sporting, la gran gabarra anclada en el Abra, y el odio paleto y brutal del terrorismo etarra, para atemorizar a sus socios, incendió el precioso Marítimo de madera y clase. Se construyó un nuevo Marítimo sobre las cenizas, y se unieron los dos grandes clubes que estuvieron a punto de desaparecer.

Javier Satrústegui construyó la gran piscina del Tenis de San Sebastián. Se celebraba una de las primeras ediciones del Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Tórrido calor de viento sur septembrino. Llegaron a la piscina los hermanos Zulueta con dos bellezas que vestían, por decir algo, con marcadas transparencias. Sí, a principios de la década de los sesenta del pasado siglo. Alguna señora protestó, y Javier, que era un liberal adelantado a los tiempos, se vio obligado, como presidente, a intervenir. No ordenó la expulsión de las ninfas galas, pero amonestó a los Zulueta: – No me traigáis a la piscina en pleno festival a estas fabulosas guarritas transparentes-. Un proceder glorioso.

En la actualidad, la transparencia y la plena desnudez carecen de la importancia que la moral les concedía en aquellos tiempos. Y en el último febrero, en las Fiestas del Carnaval de Cádiz, la teniente de Alcalde de Podemos María Romay, se disfrazó de transparente, pero con muy mal gusto. No era una transparencia blanca o luminosa. Eligió un color azulado terrible, y mostraba orgullosa la línea de la frontera y los dos páramos entregados a la depilación. Podía haber elegido mejor, la verdad sea escrita, y de haber acudido de tal guisa a la piscina del Real Club de Tenis de San Sebastián durante el franquismo de los sesenta, Javier Satrústegui habría definido su atavío carnavalesco de «fabulosa guarradita transparente».

Más vestida, porque falta mucho para el Carnaval y en Rusia el otoño se presenta de golpe y sin avisar, ha viajado hasta Moscú la concejal de Transparencias del Ayuntamiento del Kichi, para promocionar el Carnaval gaditano en aquellos lares moscovitas. Y lo ha hecho con transparencia. Con transparencia asnal. Con transparencia de suspenso en Geografía. Porque la chica de los Romay de toda la vida, al llegar a Moscú declaró con orgullo su intención « de vender el Carnaval de Cádiz en Asia», y al abandonar la «asiática» ciudad de Moscú, Capital de Rusia, resumió con su gracia habitual la interesante experiencia: «Ha sido una experiencia muy positiva la de llevar nuestra fiesta hasta el continente asiático». Se le transparentó su burricie, con más nitidez que su mostrado chichi, que rima con Kichi, y es que a veces las casualidades florecen en extravagancias. Su profesor habrá sido Echenique, el gorrón de la silla, que afirmó que Aragón no «es una comunidad histórica».

Una buena parte del territorio ruso está inmerso en Asia. Pero no Moscú. Moscú es Europa, como San Petersburgo. Moscú es la más grande de las capitales europeas. La señora o señorita Romay confundió Moscú con Pekín y Rusia con la República Popular China. Intuyo que no vendió bien la fiesta en Moscú, porque no hay racista que supere en su concepto de la supremacía –ni el pobre Chistorra–, a un ruso blanco, un ruso europeo. Y Moscú es la gran ciudad, como San Petersburgo, de la Rusia Europea, de la Europa rusa.

Transparente, inculta, y sandia, que no sandía, que es otra cosa.

Alfonso Ussía ( La Razón )