LA ÚLTIMA DAGA DE SÁNCHEZ

Batet se afana en escrutar los designios del presidente Sánchez. Ella se ha mostrado en alguna ocasión partidaria del derecho de los catalanes a decidir su independencia; también de lo contrario. A última hora, con la suerte echada, recomendó al separatismo «aparcar» esa demanda. Como Batet es PSC, tiene el don de la ubicuidad intelectual. El extraviado PSC fue piedra angular de la moción de censura y recobró vigor. Sánchez sopesa ahora si pudiera resultar un lastre.

Sánchez lee en El Príncipe: «Es mejor ser impetuoso que respetuoso». Se anticipa al PSOE y convoca elecciones generales y plebiscitarias para neutralizar fugas, condicionar los pactos de mayo y comprometer a Ciudadanos. Ha tomado una decisión para perseverar en el dominio del PSOE, continuar su mutación y dislocación y convertirlo definitivamente en el partido de Sánchez. La Presidencia no fue suficiente. Había resistencias agazapadas que aceleraron el anuncio de disolución de las Cámaras. Se ha convencido de que no disponía del control absoluto del partido.

El nuevo timonel socialdemócrata y adalid autoempoderado de las causas de los más débiles emprende su nueva misión con el arrojo e intrepidez habituales, propias de su gen competitivo. Es un político de raza. No se arruga. Ha lanzado un órdago a los restos e incordios incólumes del PSOE y un mensaje y desafío a Cs: de su posición en abril dependerá su poder territorial después de mayo.

 Sánchez contra las derechas. Da por engullido a Podemos, que se aferra supersticioso y tristón al 8-M como sortilegio. El César de los desamparados guarda una penúltima daga contra Iglesias: cobijar al desubicado Errejón antes de que lo despedacen los suyos.

Si Cs no se amilana, reivindica lo que es -centro social y precisamente por eso nacional- y plantea pelea en los dos frentes, la unidad de España y el liberalismo progresista, Sánchez tendrá su batalla pero no asegurada su victoria. A menos que la posponga.

Entonces se reservaría una última daga con la que culminar su escarpado circuito plagado de virajes y reversiones: la hundiría en Iceta. Renunciaría parco al nacionalismo icetista si obtuviera y fuese suficiente para sus sumas el plácet de Rivera. La campaña contra las derechas es realmente contra Cs.

En esta pugna, Sánchez se juega su supervivencia. No es la guerra del PSOE, es la suya y la de sus efusivos asalariados, que de manera disoluta, estampan deslucidas etiquetas para atemorizar y poner a Cs donde les conviene cada vez: hoy toca extremo ¿qué?

Javier Redondo ( El Mundo )