LA USURPACIÓN NO ES BROMA

La política catalana se ha instalado en el esperpento por culpa de la irracionalidad de una casta independentista entregada a su delirio. De Puigdemont ya no cabe esperar responsabilidad alguna, pero si conserva algún rasgo de dignidad debiera al menos dejar de comportarse como un personaje valleinclanesco. La emisión en TV3 ayer de su mensaje grabado mientras era captado por una cadena tomando vinos en un bar pareció una parodia hilarante como broche a la gran astracanada del viernes. El descabezado Govern está provocando entre sus propios seguidores una turbación que reflejó bien Pilar Rahola en un tuit a modo de arrebato que no tardó en borrar: «No he entendido el sentido de la declaración. ¿Dónde estamos?».

Con todo, no cabe restar gravedad al hecho de que Puigdemont saliera a la palestra para anunciar que no se da por destituido y arengar a quien quisiera escucharle a hacer «oposición democrática» al 155. La Justicia debe determinar si está cometiendo delito de usurpación de funciones. Tampoco se puede pasar por alto que el ex president siga haciendo uso impune de la televisión autonómica, cuyos responsables han repetido sin cesar que no respetarán la legalidad. Es claro el contraste con la racionalidad con la que, por ejemplo, se han comportado los máximos mandos de los Mossos destituidos. El mayor Trapero pidió lealtad hacia su sustituto. La fuerza del Estado de derecho da mucha tranquilidad cuando tanta falta hace.

El Mundo