LA VENUS DEL ESPEJO

Hoy es el último día de campaña electoral y por fin Pedro Sánchez va a poder descansar, que es una de sus obsesiones porque lo que realmente altera su equilibrio es la tediosa obligación que conlleva ser Presidente de gobierno en un país tan coñazo como España, donde todo son problemas y casi nadie está dispuesto a reconocerle los méritos y las virtudes naturales que adornan… a su persona.

Lo suyo es viajar, charlar con gente en inglés, hacerse el encontradizo en algún pasillo con Donald Trump a ver si consigue  estrechar su mano, o contarle a los otros jefes de estado y de gobierno cuál es su fórmula para salvar al mundo, pero gobernar un país tan complicado como España le resulta incómodo y por eso ha anunciado que en su próximo gobierno – aunque sea nuevamente provisional y en funciones – tendrá tres vicepresidentas para que le hagan el trabajo que a él no le deja dormir.

Sánchez tiene siempre la misma respuesta cada vez que se enfrenta a un problema o mete la pata,  porque atribuye sus errores al cansancio o la falta de sueño.

Lo dijo  al  rechazar la posibilidad de tener como socio de gobierno a Pablo Iglesias,  y ahora se ha disculpado ante su periodista de cabecera por haber metido la pata al afirmar que los fiscales están para cumplir las órdenes que él les dé.

“Llevo tantos días sin parar de hablar y en tantas entrevistas que a veces uno no es preciso en sus respuestas” – dijo, como si la falta de sueño o el cansancio justificara que un matemático dijera que tres por cuatro son treinta, o que un médico confundiera el hígado con el riñón.

Yo creo más bien que Pedro Sánchez dice lo que piensa  porque es mucho lo que ignora y luego si es necesario rectifica, que es el ejercicio que realiza con más frecuencia dado que para él el valor de su palabra es efímero.

Lo mejor de todo fue cuando añadió que había que ser humilde si uno se equivoca, y esa virtud no está ni siquiera en su diccionario porque  como todos los acomplejados se agarra a lo insustancial de las apariencias para protegerse de sus limitaciones.

Su imagen mirando los papeles sobre el atril  durante el debate electoral de hace unos días  para evitar cruzar su mirada con los otros candidatos, es la instantánea de un hombre que esta pidiendo que pase pronto de él el cáliz y la tortura de tener que confrontar ideas, cuando las que él tiene son provisionales o prestadas.

Yo guardaré silencio durante la jornada de reflexión  para que cada uno piense su voto  sin que nadie le incomode,  pero de todos los candidatos que se presentan unos son de derecha, otros de izquierda, otros de quién sabe dónde, pero todos se han definido.

De Sánchez lo único que sabemos con toda certeza es que tiene sueño.

Diego Armario