LA VERDAD DENUDA DE SÁNCHEZ

«La verdad, Ana…». Pedro Sánchez se dirigía a Ana Pastor como un heladero siniestro a un niño, ese tono susurrante y de labio tembloroso. La audiencia de Sánchez son niños de puntillas. Como sus hijas con aquella nota. Corazoncitos dibujados con la frambuesa del desayuno presidencial, palabras de niña pero letra de amor de cuaderno, amor de boy band, que quizá Sánchez es un presidente boy bandSánchez recibe y emite mensajes de adultos infantilizados o niños de adultez zangolotina.

«La verdad, Ana». La verdad es que los malos lo atacan por malos. No porque él sea un presidente que habla y escribe sólo confeti y recortable. No porque no hace nada salvo ocupar un gran espacio de globo de Mickey Mouse u oso gigante de peluche, ahí en la política como en su cumpleaños. No porque ha tomado las instituciones y hasta quiere tirar el Senado con su cosa de sofá viejo o perchero para chisteras. No porque paga su estancia en La Moncloa con libras de carne del Estado de derecho. Ni porque todo eso le da igual.

«La verdad, Ana». Y la verdad sí se le transparenta en esa desnudez suya de hombre hecho de su desodorante. «Yo soy el presidente del Gobierno», dijo mucho. El ego se le sale como virutas. De Montón defendió sólo su «gestión pública» porque él «no es ningún fiscal», pero aun tapándose los ojos con ovillos como un gatito y fusilando hasta erratas y discursos de YouTube «ejercita una enorme dosis de ejemplaridad».

«No hay rectificación, sino ruido»: la realidad es ruido. «Lo mejor es que no se utilicen esas bombas»: basta el wishful thinking, incluso si hace lo contrario. Lo de Cataluña es «una cuestión política»: la política superior de que no haya ley. «La responsabilidad acaba en nuestras fronteras», aunque él y su Gobierno trabajen «por la paz en el mundo» (el oficio de señorita de la Cruz Roja de su mujer inspira).

Sí que le sale la verdad, que es este caos de palmípedos de él y sus ministros. Pablo Iglesias le recomendó que les «callara la boca» a todos y se sacó una reforma constitucional de la que sólo hemos notado su efecto Doppler. Se tendría que callar la boca él, porque hablando se nos desnuda hasta dejar sólo la risa de su culito, como en el anuncio de colonia infantil con el que parece dirigirse a los ciudadanos.

Luis Miguel Fuentes ( El Mundo )

viñeta de Linda Galmor