LA VERDAD NOS HACE LIBRES

Los tres meses transcurridos desde que escribí sobre «Sánchez y la postverdad» confirman que no me equivoqué. Acertar no me alegra, pues la constatación de que vivimos en una época en la que no se acepta la existencia de la verdad, imposibilita la convivencia.

Dirigentes sin escrúpulos afirman eslóganes, compromisos, proclamas y arengas varias, conscientes de su falsedad, utilizando la mentira con total impunidad. En plena era digital, esta se propaga a una vertiginosa velocidad, actuando en la sociedad como un letal artefacto.

Ya sabemos cuál es el valor de la palabra de Sánchez, y el separatismo no le va a la zaga. Sus precursores faltaron gravísimamente al pacto constitucional y ahora mienten conscientemente.

Denominan «conflicto político» a lo que son graves delitos juzgados y condenados; «represión», a exigir respeto a la ley; «presos políticos», a políticos que han malversado fondos públicos, o prevaricado, etc… Si no existe respeto a la ley por parte de quienes deberían ser ejemplares en su cumplimento, el bien común padece.

El caos en el que está sumido Cataluña, entre otras razones, es también consecuencia de vivir en plena postverdad, y va camino de contagiarse a toda España a paso acelerado.

Estamos en Navidad. España y el orbe cristiano celebran el acontecimiento que dividió la Historia en un antes y un después: Hace 2019 años, nació un Niño «en el que se encarnó la Verdad que nos hace libres de la mentira».

La Razón