Craso error es pensar que la historia no puede repetirse; que las personas cambian con el paso del tiempo, o que el género humano es buen género.  Craso error pensar que el capitalismo es el culpable de todos los males, ignorando que comemos tres o cuatro veces al día, y que hay que aventurarse a lo que sea, ignorando cómo se cae en el comunismo, y también queriendo ignorar lo que es, y la filosofía que lo sustenta: el marxismo disfrazado.

Después de la noche de tribulación, amanecen estas raras sensaciones con las claves de todos los errores. Nadie echó una mano si no fue para hundirte y hasta Dios te dio la espalda.  Estamos solos luchando con una escopetilla de perdigón que ya trucó el gitano al empezar la feria, frente a un monstruoso enemigo armado hasta los dientes. «El problema de España son los españoles que les gusta hacerse daño».

Darse cabezazos contra el muro de las lamentaciones (cargado de desahogos) es lo más absurdo cuando TODO EMPIEZA HOY. La triste realidad es que mientras prosigue la fragmentación de España y gracias a ella el enemigo -que siempre está dentro- avanza, y nosotros vamos para atrás como el cangrejo.

Me tocó oficiar en varios eventos electorales donde, en cierto momento, me vi solo, frente a una docena de suntuosos apoderados del partido socialista, sobrados de todo, y que a medida de que nos acercábamos al fin, como ya se sabían que ellos estaban ganando, pues pude observar su crecimiento, y cómo me perdonaban la vida con esa humillación callada que cuando te llega, sospechas de que no sea del género humano, dudas de la misericordia divina y hasta de que Dios exista. Quizá nos haya traído aquí a matarnos. Esto no fue más que un detalle intrascendente.

Lo trascendente está en la manifestación del otro día, el 27N, en protesta de la ley con la que quieren desarmar a la policía, ponerla en una situación muy difícil, para luego comprarla al servicio del partido. Comunista? Más que otra cosa.

Lo mismo que quieren justificar que desenterraron todos los muertos del valle de los Caídos, para luego echar con cajas destempladas de allí a los frailes benedictinos, y ya, luego, dueños y señores del lugar, volar todo aquello por los aires como hicieron volar a Franco en helicóptero sacándolo de allí. Así se dará gusto a la extrema izquierda criminal, consiguiendo lo que persigue y sueña.

Esta es su realidad macabra: su verdad. La verdad amenazada de muerte se trasluce en la falta de libertad de expresión -excepto para la izquierda-, cuando intentan echar del Congreso a todos los periodistas y medios que no son de su cuerda. Con tal fin firmaron el documento los representantes de los siguientes partidos: PSOE, Unidas Podemos, ERC., PNV, Junts, EH Bildu, BNG, CUP, Más País-Equo, Compromis, Nueva Canarias, PDeCAT. (Ya no quedan más enemigos).

Frente a saber qué es la verdad, recuerdo fábulas clásicas sobre ella, tal que la rana y el escorpión, y sobre el enemigo, vivo convencido que existe lo mismo que el demonio, el mal, el dolor y la muerte. Si lo que estamos diciendo no es el enemigo y el mal, entonces no existimos y esto solo es un sueño que nadie ha de soñar.

Así mismo me pasa por la mente qué hacía en su día en el norte, frente a la ETA, o por qué los rojos machacaron a mi familia en la guerra civil. Puse todo mi empeño, en buscar sus causas, y el porqué de la razón de tal barbarie. Escribí un valorado libro sobre ello, y alguna conclusión habré logrado.

Ciertamente la derecha perdió las elecciones y ganó la izquierda. Menos mal. Seguirá la convivencia y no pasarán mayores problemas. Si hubiera sido al revés, la izquierda ya habría empezado a matar. A robar no, porque ya lo está haciendo a espuertas, hasta que se acabe el dinero público que según la ex vicepresidente Carmen Calvo, no es de nadie.

O sea que pueden meter la mano a placer sin que les pase nada, porque lo mismo que se creen tener los medios, sobre todo el altavoz, y el poder del dinero, se creen también con la razón, que es lo que menos tienen. Conociendo cómo son y su naturaleza de escorpión, hubieran empezado a matar españoles, o muy cerca de ello, si les hubiera tocado perder, y torcido su voluntad, lo mismo que en febrero del 36, que tras falsificar las elecciones -aquéllas- y perderlas, dijeron: ahora vamos a revalidar en la calle, lo que no pudimos hacer en las urnas; se armaron -armaron al pueblo, dijeron, que era el Frente Popular-, y empezaron la guerra por cuenta con Francisco Largo Caballero a la cabeza.

Las checas, el pistolerismo, y todo lo que vino después hasta hacer estallar la guerra el 18 de julio y levantar al ejército. De aquella, ahí está el hostigador Largo Caballero, o Indalecio Prieto, cuya escolta asesinó a José Calvo Sotelo. Después de conspirar tres meses antes para matar a los tres líderes de la oposición, Antonio Goicoechea, Gil Robles, y Calvo Sotelo, lo que hoy sería, Pablo Casado, Santiago Abascal y Alberto Rivera, (si no hubiera dado la espantá) Solo pillaron a Cavo Sotelo y lo asesinaron nada más sacarlo de casa.

El ejército dijo: hasta aquí hemos llegado. El levantamiento militar fue lo más democrático que hubo en España. El pueblo machacado pedía a gritos la liberación del dominio rojo.

Hoy, ni ellos, -los entonces autodenominados «rojos»-, cambiaron. No cambiaron ni su mente, ni sus armas, que son las mismas: el odio, la estupidez, la maldad, la mentira, el miedo, la imposición, y la muerte. Esta realidad lastra a España.

Esta es la verdad que nadie quiere, ni siquiera quiere creer.

Fígaro ( El Correo de España )