LA VERDADERA CORRUPCIÓN

Es hermoso que Celaá diga que la sentencia de los ERE no tiene nada que ver ni con el presidente ni con el Gobierno, porque ella nunca hubiera llegado a La Moncloa si no hubiera sido por exagerar una sentencia que se ha probado que era fraudulenta y que tenía realmente poco que ver con el presidente Rajoy, aunque los suyos la utilizaron para derrocarlo. Yo entiendo lo que quiere decir Celaá. Lo que no entiendo es de dónde saca el nervio para decirlo.

De todos modos, y subrayada la habitual desfachatez socialista -por no hablar de cómo Pablo Iglesias ha pasado de puntillas por la sentencia-, lo verdaderamente corrupto, si llega a producirse, y no tengan ninguna duda de que llegará a producirse, es el pacto del PSOE con Podemos.

Lo verdaderamente corrupto es la incompetencia y esta suerte de prevaricación ideológica -por así decirlo- con que Pedro Sánchez quiere incluir a ministros de Podemos en el Gobierno, sabiendo el daño que las recetas de este partido han hecho en los desdichados países donde se han aplicado.

La verdadera corrupción es dinamitar el sistema democrático y empobrecer a los españoles a sabiendas, con el único objetivo de mantenerte en el poder. La verdadera corrupción es limitar las libertades fundamentales de tus conciudadanos confiándole a un partido de raíz totalitaria una parte del Gobierno.

El problema de usar la corrupción como arma arrojadiza es que la calderilla de Gürtel hace mucho más ruido que la fiabilidad de unos gobernantes, que es lo significativo.

El PSOE usó la calderilla de Gürtel para echar a Rajoy y ahora lo de los ERE -que es bastante más que calderilla, pero ya me entienden- nos distrae de lo esencial, que es la destrucción exprés de nuestro bienestar y de nuestro modo de vida libre mediante una coalición funesta con los herederos -ellos mismos reivindican tan penosa herencia- de los que sembraron de miseria y muerte en la parte del mundo que controlaron a mitad del siglo pasado y que hoy lo hacen en Irán, Cuba o Venezuela.

Celaá es fruto de una mentira, la misma mentira que los suyos dijeron hace un año y a la que hoy ella intenta darle la vuelta para seguir mintiendo. Esto es cierto. Pero no es lo peor. Lo peor -como suele suceder con la izquierda- es la parte del drama que no vemos y que es con la que el socialismo nos acaba invariablemente destruyendo.

Salvador Sostres ( ABC )