LA VERGÜENZA DE BÉLGICA Y EL MEMO DEL FISCAL MEILLEUR

Lo que está sucediendo con Bélgica, un estado de la Unión Europea, es tan escandaloso que España debería tomar medidas cuando se supere esta crisis. Y medidas muy duras. Hay que responder con reciprocidad y contundencia. Por supuesto esto tiene que afectar a la jefatura del Estado y es cierto que el rey de los belgas no tiene ninguna culpa, pero hay que mantener, también, una prudente distancia para mostrar el desagrado del pueblo español.

Los belgas ni pueden ni deben darnos lecciones, porque somos una de las grandes democracias del mundo y una de las potencias económicas europeas. La canallada que está cometiendo una parte de la clase política y judicial belga no puede olvidarse. Otra cosa es que ahora tengamos que cumplir esos trámites absurdos, aceptar la indignidad de que nos pregunten sobre cómo será tratado un golpista como Puigdemont y otras tonterías, pero desde luego habrá que esperar la oportunidad, que seguro no tarda en producirse, para devolver la actuación poco amigable que ha tenido Bélgica.

El documento enviado por el fiscal Jean-Marc Meilleur es, simplemente, insultante. Las preguntas se dividen en tres bloques: sobre la detención y las circunstancias de la detención; a la garantía de un juicio justo y las referidas acerca de lo que se mencionó en las órdenes de detención europeas. El simple enunciado es un auténtico insulto. Es inaceptable que se pregunte si el golpista Puigdemont y sus colaboradores tendrán la garantía de un juicio justo. Es irritante. El cretino del fiscal belga, que no puede ser más ignorante, pregunta por las dimensiones de las celdas, el espacio vital que tendrá, si hay acceso suficiente y regular a equipamientos sanitarios, duchas, etc.., si la comida es suficiente y de buena calidad, el acceso a la asistencia médica, si pueden sufrir violencia en la cárcel, la superpoblación, la higiene, etc…

La verdad es que a Meilleur lo mandaría, simplemente, a la mierda y le preguntaría por la actuación genocida de sus antepasados en el Congo Belga y si se siente orgulloso del rey Leopoldo. Por tanto, no hay ninguna duda de que el tal Meilleur es un memo. Lo mejor es provocar un conflicto internacional.

Es cierto que temo lo peor. No me sorprendería que nuestro comportamiento sea precisamente el de poner la otra mejilla y que debido a las buenas relaciones entre ambas familias reales veamos fotografías sonrientes cuando se supere la crisis. ¿Cómo reaccionarían Francia, Gran Bretaña o Alemania ante una agresión como la que nos perpetra Bélgica? ¿Se atreverían? Estoy convencido que no sería así y que el Puigdemont de turno estaría en su país de origen respondiendo ante la justicia por sus actos delictivos. No es aceptable recibir un trato tan insultante por parte de un socio.

Es increíble que se haya permitido a Bélgica mantener esta absurda, grotesca e injusta singularidad y es algo que se tiene que terminar. Desde luego, espero que España actúe con el mismo desprecio e insensibilidad ante los asuntos que preocupen a un país artificial que surgió como consecuencia de la revolución de 1830. Lo normal es que la parte valona formara parte de Francia y la flamenca, de Holanda. Nada que ver con la realidad española.

Puigdemont es un mentiroso convulsivo y es verdad que su odio a España, como buen independentista, le ha conducido a esta estrategia donde lo único que persigue es internacionalizar el conflicto y perjudicar a nuestro país. La historia nos demuestra que los independentistas catalanes siempre buscan perjudicar a España, como sucedió en 1640 y en 1705. Es verdad que en la primera fecha, en el marco de la Guerra de los Treinta Años, la traición significó la pérdida de los territorios ultrapirenaicos que formaban parte históricamente de la Corona de Aragón. Es lo que los nacionalistas denominan la Cataluña Norte, pero se perdió por culpa de sus antecesores y no de los míos.

Los Puigdement, Junqueras, Forcadell y Mas de entonces fueron los responsables de esa amputación del territorio nacional que fue, además, un grave perjuicio para Cataluña. Ahora buscan que vuelva la crisis económica para ver si provocan daños irreparables que debiliten a España y así conseguir sus objetivos. En numerosas ocasiones he escuchado que no les importaba el coste que significara para Cataluña y mucho menos para España. Estaban dispuestos a un retroceso del 20 o el 25 por ciento del PIB catalán con tal de lograr el sueño de la independencia.

Francisco Marhuenda ( La Razón )

viñeta de Linda Galmor