Los anglosajones otánicos no combaten como guerreros, sino como misioneros. Misioneros de sus sectas secretas, de sus hermandades, de sus religiones satánicas. Ellos tienen la buena conciencia y el poder absoluto; esa es su visión del mundo. USA-Anglosajonia-Uropa no acepta el desafío de los demás. No se conforma con neutralizar al enemigo demonizado, sino que trata por todos los medios de destruirlo.

El bienestar de Occidente se halla sustentado sobre el capitalsocialismo, un sistema socioeconómico basado en el interés, el beneficio, el egoísmo -más o menos individualizado- de una oligarquía poderosa, tanto en lo económico como en lo doctrinario. Se rechaza vivir en cristiano y se elige la morada de Satanás, en medio de una práctica económica y social que lo bendice.

El nuevo orden mundial consiste en salvaguardar algo ya viejo en la filosofía capitalsocialista: la libertad de depredar, dominar y explotar cuando los intereses del Sistema lo exigen. Así se mantiene el opulento nivel de vida de unas clases privilegiadas que disponen de todos los medios necesarios para defenderlo, aun cuando luego tengan que disfrazarlo presentándolo bajo la bandera de una causa justa y democrática.

La incapacidad del Sistema capitalsocialista para estabilizarse sin ese cebo militar explotador que son las guerras es ya un clásico de la ciencia socio-económica. Y es que la economía clásica sigue aún presa de sus contradicciones. Leamos a Keynes: «No importan las metas. Bastaría abrir agujeros en el suelo y rellenarlos otra vez para que el sistema funcione».

De este modo, cualquier idiota puede defender la mecánica vigente. Con decir: «así es porque así se ha establecido», está todo dicho. Militar, política y socialmente esto se llama sumisión a lo impuesto. Pero en arte, ciencia, filosofía y progreso social, las innovaciones no han surgido de los obedientes al Sistema, sino de los que se han opuesto a la inercia y al dogmatismo del mismo.

Diariamente se manifiesta la desvergüenza de los dirigentes del mundo, su enorme disposición al engaño y a la manipulación de los seres humanos, así como las interesadas interpretaciones de los hechos que son capaces de inducir en la opinión pública. La ética de la responsabilidad invocada por los plutócratas y sus políticos no es otra cosa que un disfraz de la inmoralidad pura y simple. Sin una tabla superior de valores no es posible erigir un orden capaz de asegurar la paz y la concordia entre los hombres y los pueblos.

Los españoles que, en aras del rigor y de nuestra tradicional neutralidad, se han opuesto a una nueva guerra pérfidamente provocada, serán anatematizados o procesados por un tribunal ideológico presidido por los poderes globalistas: el Pentágono, Londres, Bruselas, la Moncloa, la derecha y el socialcomunismo, con su cohorte de infiltrados, minadores e intoxicadores y, últimamente, también de invertidos.

Los que mandan no sólo toman las ciudades, sino la razón, y ahora los que se oponen a la tiranía del NOM, es decir, del LGTBI, van a pasar por fuerza a la clandestinidad y van a soportar y ya están soportando, toda clase de ataques: la insidia, el ostracismo o la muerte.

Se les acusará de cómplices, insolidarios y antidemócratas, y sus acusadores -salvando a quienes de buena fe creen en una OTAN amiga-, arropados en las banderas de los enemigos de España, serán precisamente lo más granado de la complicidad, de la insolidaridad y de la antidemocracia globalista.

Serán los mismos que firmaron por la OTAN y que firman por la corrupción. Lacayos agradecidos a subvenciones, cargos públicos y demás sinecuras, o meros resentidos hacia la independencia y el ideal.

En guardia, pues, ante los que ahora desfilan subidos en los tanques otánicos, es decir, uropeos y anglosajones.

Jesús Aguilar Marina ( El Correo de España )