LACITOS A JUEGO CON LA BANDERA ESPAÑOLA

Madrid dijo basta, el mejor Madrid alegre y liberado. Cataluña vivió la primera manifestación en diez años que no iba sobre la independencia, ni a favor ni en contra, y aunque la convocaba Vox, muchos independentistas la apoyaron y algunos allí estaban, con sus lacitos amarillos haciendo juego con la bandera de España.

La nación entera es un estanque en el que flota el cadáver político de Pedro Sánchez. Él aún no lo sabe, pero tiene su rostro el tipo que yace boca abajo en el agua. Hubo independentistas en Barcelona y socialistas en la capital gritando contra su asedio, contra su abuso, contra su falsedad. La primera manifestación en mucho tiempo que no fue ni guerracivilista ni golpista, y

 España entera, Cataluña incluida, volvió a hablar de lo posible, de lo que está realmente en juego. Una honda indignación contra el Gobierno. Cientos de miles de españoles a los que hace un par de meses no unía casi nada, acudieron ayer con algo personal contra Sánchez. Ultrajados, humillados, asqueados.

En sus coches mantuvieron las distancias la mayor parte de las veces, y en algunos casos se precipitaron, pero fueron en cualquier caso mucho más responsables de sus actos que este Gobierno de cobardes que ha preferido encerrar a la libertad antes que afrontarla. Las banderas, los cláxones. Espléndida mañana en Barcelona.

Las noches madrileñas esperan tibias la eclosión de las terrazas. Pero ni confundidos por la alegría del instante vamos jamás a olvidar la intimidación policial, el insólito despliegue de guardias que, si cada vez que el independentismo corta una calle, comparecieran en semejante número, no podría la Policía dedicarse a nada más.

Las marchas de ayer fueron todo lo bello de un país que se alza contra los que pretenden tiranizarlo, pero también la prueba, la siniestra prueba, de que los socialistas no van a ahorrarnos ninguna calamidad, ningún encierro para tratar hasta su último suspiro de controlarnos. Es su razón de ser, es su raíz totalitaria.

Es lo que piensan de nosotros. Son los miles de policías con que ayer quisieron ayunardarnos. Si algún día se sienten con suficiente fuerza y vienen de verdad a por nosotros no les hará falta ser más. Esto también se palpó ayer en el ambiente. No sólo sed: había urgencia por la libertad.

España no se levantó ayer por causa de una pugna sectaria. Se levantó en favor del deber de vivir y frente al miedo con que nos han secuestrado, un miedo que bajo el pretexto del coronavirus lo han dirigido como un tanque contra la confianza en nuestras posibilidades, contra el deseo de un mundo mejor y la esperanza. Les ganamos por goleada pero volverán. Y no tienen piedad.

Salvador Sostres ( ABC )