Manuel Villegas Consejero de Sanidad de la Comunidad Autónoma de Murcia, sabe dónde están las vacunas contra el coronavirus, pero ignora donde se encuentra la dignidad que ha perdido, porque a tenor de las declaraciones que ha hecho para justificar su comportamiento insolidario y políticamente intolerable, ha dilapidado cualquier crédito político y moral que tuviera,  al negarse a dimitir.

Como todos saben – y él más, que es médico de profesión –  en su Comunidad hay miles de personas dependientes, ancianos o sanitarios de primera línea, que aún no han recibido la vacuna, que él y “otros colegas de su Consejería” si se han puesto.

La desvergüenza insolidaria de este personaje, y de otros muchos que en otros lugares de España y de otros partidos han hecho lo mismo que él, está amparada en este caso por la Dirección del Partido Popular, que le sostienen en el cargo.

La repugnancia que generan la mayor parte de los partidos políticos (entre el PP y el PSOE, compiten a ver quién es el más corrupto a la espera de que les alcance Podemos que ya acumula casos que apestan) hace que la sociedad decente y paciente se encuentre huérfana.

El problema de muchos ciudadanos honrados de este país está en que a la hora de votar tienen que elegir entre un ladrón, un mentiroso, un inmoral, un indecente, un cobarde, un aprovechado o una persona honrada, pero estos últimos son tan escasos o mandan tan poco en sus partidos, que de poco sirven sus lamentos

Estamos acostumbrados a las golferías de los políticos y diputados que, por ejemplo, en este año en el que la actividad parlamentario se ha reducido sustancialmente han utilizado taxis con cargo del presupuesto del Congreso por valor de 371.787,83 euros , un 11 por ciento más que en el periodo anterior en el que asistían todos a las sesiones del parlamento.

Pero esta vez apestan por razones absolutamente inaceptables. Son la “casta” más repugnante que existe en el país porque ellos tienen el poder de privilegiarse frente a los ciudadanos que los sostenemos con nuestros impuestos.

¿A qué espera el Presidente del Partido Popular para pedirle al Jefe del ejecutivo de Murcia que cese al Consejo de Sanidad, al que su paisano Teodoro García Egea se empeña en sostener?

En cualquier país europeo por mucho menos un cargo público dimite o es cesado, pero carecemos de un elemental sentido de ejemplaridad y  se conculcan todos los códigos de conducta. Tenemos una clase política repugnante, de dirigentes que plagian una tesis doctoral y  siguen siendo Presidente del gobierno o fuerzan que te regalen un Master, o se  falsifican votaciones en los procesos internos de los partidos .

¿Cómo no íbamos a tener cargos públicos que roban vacunas?

Solo me queda confiar por un momento en que Ciudadanos cumpla su promesa y fuerce la dimisión del consejero de Murcia, porque un urge acto de decencia política .

Diego Armario