Parece ser que la pleamar «hijoputin» está a punto de alcanzar el cenit de sus intereses y en el horizonte político, parece (bajada del oro y del petróleo) que están a punto de llegar las espumosas olas que traen la esperanza de que en breve espacio de tiempo empezará a dar paso a la bonanza de la bajamar.

Lo más lamentable, por encima de la enorme destrucción ocasionada es que entre ambos movimientos quedarán miles de víctimas, viendo con pena que sus muertes no han solucionado nada definitivo pues, conociendo, como ya está muy reconocido, el problema seguirá manteniendo el rescoldo.

Como ocurre después de un suceso grave, las aguas nunca todas ellas vuelven a sus cauces. Ahora; cuando se hagan las cuentas del generalizado daño ocasionado en todo el mundo por el capricho de Putin (yo no meto  en esto a los rusos) de jugar con sus soldaditos, todo nos vamos a enterar de lo que vale un peine.

Y es que la ruina no son solamente los edificios semi destruidos y otros totalmente esparcidos por el suelo que la televisión nos enseña diariamente desde Ucrania. Esa ruina crece con la desaparición de toda clase de empresas ya sean industriales o comercios; es la desaparición de puestos de trabajo; es la de tantas personas que se despiertan cada mañana sin haber cenado y en el bolsillo no tienen con qué comprar para la comida. No la propia , que también la de sus hijos.

Esa cabronada, que no es pequeña, hay que haberla vivido para saber hasta donde daña; es parte, muy dolorosa, de la grandísima ruinocabronada colectiva que el genocida Putin ha cometido -aún sigue cometiendo- contra todos los países de la Tierra, y contra todos sus habitantes. Hecha la excepción de esos cuervos carroñeros que se alimentan de las grandes desgracias, cuanto más grandes mejor, porque así siempre ocurre que sus millonarias fortunas, se hacen más afortunadas.

Pero lo que verdaderamente me extraña -¿qué queréis que os diga? soy un ser muy simple-, es que aquí, en España, país que tanto sufrió con el comunismo asesino, al estilo Putin=Stalin, haya quienes están de acuerdo con la invasión que está sufriendo el pueblo ucraniano.

Sin que se les mueva un kiriki del flequillo que les cuelga en dirección de la nariz, hasta le hacen «la ola» al coqueto kagebista intentando subterfugiosamente «meternos de matute» lo que nos pasa en España con los hijos de padre desconocido que pretenden robarnos a Cataluña, haciéndolo pasar del bracete con lo que está ocurriendo en Ucrania.

¡Venga ya, tíos! Ni hablar del peluquín. Yo puedo ser simple, comparado con algunos listillos (¡joder, leed mi currículum académico!) pero jamás ¡jamás! sería capaz de «morrearme» políticamente -ni de la otra manera- con un comunista al que cundo camina se le va saliendo del bolsillo la sangre de personas inocentes.

Eloy R. Mirallo ( El Correo de España )