LAS AMISTADES PELIGROSAS DE SÁNCHEZ

El PSOE mantiene cerca de medio centenar de pactos con los partidos firmantes, la semana pasada, de un manifiesto en favor del derecho de autodeterminación. A saber: BNG, Crida Nacional, CUP, Demòcrates, EH Bildu, ERC, Esquerra Valenciana, MÉS per Mallorca, MÉS per Menorca y PDECat-Junts per Catalunya. Un simple vistazo a la lista permite aunar a todos ellos en su deseo de acabar con la unidad de España, siendo esta, en mayor o menor medida, seña de identidad de los mismos.

Nos encontramos con que el partido que hoy lidera Sánchez gobierna o consiente que lo hagan estas formaciones en decenas de ayuntamientos, diputaciones o comunidades autónomas. No es extraño que así sea después de que el propio Sánchez utilizase a parte de ellos para desalojar al PP del Gobierno de la Nación e instalarse, con esos votos de perfil contrario a España, en La Moncloa.

Así las cosas, las alianzas del socialismo con proyectos rupturistas de calado divergen aparatosamente de uno de los pilares de la Constitución, que en su artículo 2 consagra «la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas».

No hace falta por tanto ahondar mucho más allá para considerar que, con ese perfil claramente soberanista y agavillados ya todos esos socios en un propósito común anticonstitucional, esos pactos aquí y allá suponen un claro riesgo para la unidad nacional.

«Ahora España», proclamaba el penúltimo lema de la precampaña elegido por el PSOE para promocionar electoralmente a un Sánchez que siempre que huele a urnas no duda en arroparse con la bandera nacional (no hay elección en la que no lo haga), maniobra que desaparece rápidamente tras los comicios, dando paso a un tinglado de pactos con el soberanismo que, por ejemplo, le permite cogobernar la Diputación de Barcelona con el proyecto político fundado por el fugado Puigdemont, una institución que administra mil millones de euros de dinero público.

Si los pactos de PP y PSOE con el nacionalismo vasco y catalán (aún no echados al monte) han sido históricamente malos para España y la igualdad de los españoles, qué se puede esperar de estas alianzas de un PSOE como el de Sánchez, mucho más enclenque políticamente que aquellos de González o Zapatero.

El (mal) ejemplo de este último -cuya gobernación supuso una calamidad para España- debiera servir al líder socialista para virar radicalmente su programa de alianzas. Pero no lo hará, pues quizá tras el 10-N tenga que volver a echar mano de esas amistades, útiles para él pero peligrosas para la unidad de España.

ABC