Es verdad que hay timadores que pasan por lo que no son y consiguen engañar a sus futuras víctimas. En este caso se aplica como anillo al dedo la advertencia de que “las apariencias engañan”. Cuántos chascos nos llevamos cuando juzgamos a las personas por lo que parecen y no esperamos a conocerlas. ¿A quién no le han engañado alguna vez las apariencias?

Pero hay otras ocasiones en que ocurre exactamente lo contrario, cuando las apariencias no sólo no engañan, sino que además, nos advierten. Y ya se sabe: no hay más ciego que quien no quiere ver.

Hoy vamos a hablar de este segundo caso, y lo vamos a aplicar a los políticos populistas. Identificarlos es muy sencillo. A unos se les reconoce por su estudiado atuendo no convencional, pues suelen vestir chándal, boina o ropa extravagante de colores apagados y sucios. A otros, por sus extravagantes apéndices pilosos, a saber, barbas, perillas, bigotes o rastas. A todos, porque hacen de su apariencia una declaración de intenciones. Les encanta que su apariencia externa simbolice algo.

El recién elegido Presidente de Perú no es la excepción. Durante el acto de investidura, no se quitó en ningún momento el peculiar sombrero chotano, uno de los elementos más característicos en su vestuario, típico entre los campesinos de su ciudad natal, Chota, en el departamento de Cajamarca. Con esta prenda dice querer reivindicar sus orígenes y el trabajo rural de las personas del pueblo. No diré yo que no, pero una azada al hombro habría sido más explícita.

Debajo de tan representativa prenda, vestía algo de color azul marino. El color no quería decir nada, pero el terno elegido para tan importante acto no dejaba lugar a dudas. Llevaba una especie de cazadora con una cenefa en el cuello, la abertura de los bolsillos laterales y el pecho, de colorido claramente indigenista. Y, para rematar el conjunto, camisa sin cuello. Para que se hagan una idea, estilo Evo Morales y Rafael Correa. En fin, blanco y en botella. Sólo con verlo vestido ya se pueden ir haciendo una idea los peruanos del brillante porvenir que les espera.

Pero por si alguno tiene algunas reservas al respecto y mantiene alguna esperanza de que las apariencias le hayan llevado a engaño, que por otro lado no sé por qué habría de dudar, en su toma de posesión, además de lo que quería decir con su imagen personal, dio un discurso con el cual no dejó lugar a dudas del futuro que les espera. Y no lo digo porque hablara de él, sino porque empleó una gran parte del mismo en hablar a los peruanos de su pasado.

Incapaz de reconocer de reconocer a España como la artífice de muchas de las cosas buenas que tienen, ha arremetido contra Castilla como si ésta fuera responsable de cuanto malo hay en su país y personalizado en Francisco Pizarro, fallecido hace cuatrocientos años, los problemas complejos que estoy seguro tiene Perú. La culpa, claro, siempre es de los otros.

Posiblemente, no tardará mucho en pedir por carta al Rey de España que «se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones de lo que ahora se conoce como Derechos Humanos«, como hiciera en su día el mexicano López Obrador.

Obviamente, aun cuando nuestro monarca firmara la carta que el parlamento democrático de nuestro país decidiera ponerle sobre la mesa pidiendo disculpas, la situación de su pueblo no cambiaría a mejor en absolutamente nada. Ni aunque todos los alcaldes de España y las corporaciones municipales eligieran un día para hacer genuflexiones y minutos de silencios en desagravio de no sabría muy bien decir qué, nada de ello cambiaría un ápice su realidad.

Lo que sí va a cambiar sus vidas, y no a mejor precisamente, va a ser el engaño sistemático de que existió un brillante pasado precolombino truncado por la llegada de los españoles truncó, que los oprimió y los convirtió en lo que son hoy. Obviamente se le olvidó mencionar que llevan doscientos años de Independencia.  Y ya es llegado el momento de que cada palo aguante su vela.

El pasado no se puede cambiar. No se puede trabajar para cambiarlo. Lo que sí se puede hacer es trabajar para tener un futuro mejor. Quien aspire a un futuro mejor, tiene que construirlo. Pero como con la opción política elegida no va a ser posible. Ya les digo yo que van de cabeza al mismo lugar al que llegan todas estas opciones políticas populistas.

Y si no me creen, pregunten a sus vecinos de Bolivia, Venezuela, Cuba u Honduras.

Fran Ruiz ( El Correo de España )