Es urgente que ese colectivo ucraniano abra los ojos y vea cómo esta gente de la extrema izquierda española también representa la extrema beligerancia, el odio y la venganza.

La extrema izquierda solo mira a Rusia, defienden al genocida más loco y degenerado del siglo XXI, incluso en la medida de lo posible impiden que otros lleven ayuda humanitaria o de otro tipo a Ucrania. Hoy, por encima de todo, España debe volcarse –y lo está haciendo—con Ucrania y con la población ucraniana por encima de todo.

Ante la guerra del enloquecido Putin, la inmigración musulmana debe pasar a segundo o tercer plano: todas las reservas deben destinarse a las víctimas de la guerra en exclusiva. Poco a poco aprenderemos la diferencia entre inmigrantes por necesidad y por la guerra e inmigración mafiosa e ilegal, que es la procedente de Marruecos, con la colaboración mafiosa de sospechosas ONG.

Alguien debe explicar a esa enloquecida ultraizquierda que Ucrania es víctima y que el agresor es un sicópata que responden al nombre de Vladimir Putin. En vez de aportar algo para fomentar y potenciar la paz, los comunistas españoles apostaban por dejar a Ucrania desamparada y sola. Incluso han ido más allá: defienden que el pueblo ucraniano se rinda ante el genocida ruso, porque –siempre según Echenique– es la única forma de que cesen los ataques.

Hasta la propia Ione Belarra, fuera de sí y bruscamente encolerizada, abandonó el hemiciclo para mostrar su disgusto ante el envío de armas a Ucrania. Dos días antes había amenazado a Sánchez con presentar su dimisión si se enviaban armas al Gobierno ucraniano; para ella solo cabía la posibilidad de una rendición ucraniana incondicional ante Rusia. La división en la ultraizquierda estaba servida: Yolanda Díaz veía con buenos ojos ese envío de armas que proponía la Unión Europea. Cisma irreversible.

Sépase que Putin no tiene intención de cesar su objetivo de destrucción. Prueba de ello es que no ha parado la matanza ni durante la negociación bilateral, cuando hasta Gila paraba el ruido de fusiles y granadas hasta para celebrar los cumpleaños de uno u otro bando. Voy más allá: hace apenas unas horas el sicópata ruso –cuyos generales han empezado a desertar y el grueso de la ciudadanía se enfrenta al ejército en las calles de casi todas ciudades rusas– ha iniciado el ataque intensivo a varias centrales nucleares y ya dominan Chernóbil.

Europa está recorriendo el camino adulto, que no es otro que frenar al comunismo y llevarlo a las cavernas de donde nunca debió salir. Es un camino difícil. La Unión Europea debe acabar con el demonio de la estratagema, el loco de turno, la maldad ensangrentada que representa el comunismo, el odio al de enfrente, el revanchismo y las frustraciones del propio Putin que gobierna sobre unas estructuras caducas y caducadas (fotocopia de Cuba).

Unidas Podemos se ha puesto del lado del dictador, a partir un piñón con el asesino, en vez de ponerse en el lado de quienes sufren. Su anhelo es abandonar a su suerte a Ucrania. Eso no debe olvidarlo la ciudadanía ucraniana que vive, trabaja e investiga en España. 

Es urgente que ese colectivo ucraniano abra los ojos y vea cómo esta gente de la extrema izquierda española también representa la extrema beligerancia, el odio, la violencia y la muerte, incluso aspira a poner a los pies de los caballos a sus conciudadanos en plena guerra.

Esa izquierda mezquina no ha entendido el discurso de José Borrell en el pleno de Parlamento europeo, posiblemente el discurso más sensato y completo que he escuchado en los últimos años. Eso sí, Europa no se olvidará de quienes no han estado al lado de quien sufre, de la víctima, pero han defendido vehementemente al dictador y sicópata con alta carga de complejos afeminados, pero bruscamente machista. Urge la fijación de corredores humanitarios para la población civil en Ucrania: la masacre hace tiempo que es insoportable.

La extrema izquierda en España hace una política infantil, mediocre, deformada y parasitaria. Ahora queremos ver –tras oponerse a un sector del Gobierno y a la oposición volcados por ayudar a Ucrania– cómo DIMITEN de sus cargos, renuncian a su sueldo desorbitado, dejan de lado las prebendas y la moqueta de los despachos. No pueden seguir ni un minuto más en el Gobierno de España. Si Europa no cuenta con Pedro Sánchez para muchas cuestiones de interés es, precisamente, por acomodar a los comunistas en el Gobierno español.

Finalmente, indicar que la líder comunista de Unidas Podemos, Ione Belarra, comprometió en el Parlamento español su DIMISIÓN si Pedro Sánchez enviaba armas a Ucrania. Ha llegado el momento y España entera ansía ver esa dimisión sobre la mesa y con carácter irrevocable. De no hacerlo será que, a esa muchacha-ministra de lo Social y de la burda Agenda 2030, solo le mueve el super sueldo de ministra, la moqueta de los despachos donde nunca imaginó llegar y las prebendas para miembros del Gobierno.

¿Dimitirá? Es comunista, simplemente comunista, pero mentirosa e hipócrita a la enésima potencia. Veremos el resultado.

Intentará justificar lo injustificable.

Jesús Salamanca Alonso ( El Correo de España )