LAS CABAÑUELAS DEL DOCTOR

Yo me voy a quedar en La Moncloa hasta 2020. No voy a adelantar las elecciones porque espero que se apruebe mi proyecto de Presupuestos».

Se cumple ahora un año desde que Pedro Sánchez asegurase, en la apertura de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, que no tenía previsto convocar comicios generales este 2019, porque según afirmaba entonces su Gobierno, aquel que era tan «bonito» y estaba tan lleno de «expertos», era mucho más robusto y eficiente que el de Mariano Rajoy, además de contar «con un apoyo parlamentario fuerte». Doce meses después de aquel vaticinio, el paisaje es el siguiente:

-No es que haya convocado unas elecciones generales, es que va a llevar dos veces a las urnas a los españoles en el mismo año, cosa que nunca había ocurrido hasta su augusta entrada en La Moncloa.

-En cuarenta años de democracia es el único candidato que ha fracasado en una sesión de investidura después de haber ganado en las urnas. Y también fue el único en fracasar en la investidura habiendo perdido las elecciones. En esto de que las Cortes le echen para atrás es Sánchez todo un campeón, seguramente incluso continental.

-Es también el único candidato que después de dos meses de negociaciones solo consiguió el respaldo de un diputado fuera del PSOE, el de Revilla, que casi es de la familia. Un apoyo entre los 227 posibles.

-Y otro hito electoral. Durante su mandato, el PSOE perdió el poder en Andalucía, la única comunidad autónoma en la que siempre habían gobernado los socialistas. Hablamos de cuatro décadas de hegemonía quebradas durante el sanchismo.

Destrozados todos sus propósitos por la realidad, dispersadas las bandadas de pájaros que le rondaban hace un año por la cabeza, ayer Pedro Sánchez volvía a Nueva York y, como aperitivo a la Asamblea General de la ONU, participó en la Cumbre del Clima. Y allí sentenció: «España ha tomado el camino de la acción muy valiente que requiere la crisis climática con un compromiso pleno. Quiero que mi país sea parte del cambio. Quiero participar en las próximas acciones».

Teniendo en cuenta la fiabilidad de sus pronósticos, va apañada la tierra como su salvación dependa de las promesas redentoras y las cabañuelas que Sánchez echa en Nueva York.

Álvaro Martínez ( ABC )