LAS ” CRÓNICAS DE TABARNIA “: EL RUFIÁN, LA DONCELLA Y EL ARMARIO

Dicen los ‘tabarnianos’ que lo suyo viene de lejos… Tanto como el propio mundo. Que en el fondo son más antiguos que Matusalén pero que la pérdida de unas cuantas guerras y una mala gestión de los recursos les acabó haciendo caer en manos de sus archienemigos, los ‘catalonios’. Es cierto que los ‘tabarnianos’, siendo hombres de mundo, acostumbrados a viajar y a descubrir nuevos horizontes, son también proclives a la desidia y al descuido,y eso hizo que los ‘catalonios’, hombres, sin embargo, rudos y con escasa cultura pero fuertes y disciplinados, acabaran conquistando Tabarnia sin encontrar mucha resistencia.

Si la historia fuese cierta, tendría su gracia estando como están las cosas. Pero, aún no siéndolo, el simple hecho de que se haya magnificado como se ha hecho tiene un punto de ironía que resulta francamente excitante. Sobre todo a pesar de lo histriónico del asunto, a pesar de que cualquiera con dos dedos de frente es consciente de que la idea de una especie de tierra prometida fronteriza con la Cataluña independentista ocupando un espacio de prosperidad entre el mar y las tierras de labranza se parece más al guion de una película fantástica que a una posibilidad real. Algo ha pasado. Por alguna razón, el independentismo le ha visto las orejas al lobo. Enseguida han saltado cual ejercito que se ve acorralado en una emboscada y han inundado las redes de reacciones a la idea de una Tabarnia independiente de Catalonia.

Leer los tuits de Gabriel Rufián sobre el tema produce sonrojo, cuando no hilaridad. Se han preocupado hasta un límite increíble por un tema que si responde a algo es a una inocentada propia de la época. Entonces, ¿por qué tanta atención? La única explicación que encuentro es que el independentismo ha recibido cuarto y mitad de su propia medicina. Dicho de otro modo, Tabarnia no deja de ser el fruto de una ensoñación, un viaje a un reino imposible y fantástico en el que todo es posible y donde la vida puede ser maravillosa para sus habitantes, los ‘tabarnianos’.

O sea, exactamente lo mismo que el independentismo ha exhibido como fórmula para convencer a una parte de la población de las bondades de una Cataluña independiente. O Catalonia. Una ensoñación, una realidad virtual que no tiene su traslado a la vida real, la construcción imaginaria de un imposible. Pero algo más tiene que haber para que el independentismo, para que Gabriel Rufián, que es el arquetipo del mentiroso embaucador, se haya creído que es posible una Tabarnia independiente hasta el punto de alarmarse. Y ese algo no es otra cosa que la simple reflexión sobre el resultado de las elecciones del pasado 21 de diciembre.

El hecho de que en esa franja entre la Cataluña rural y el mar en la que se concentran las mayores poblaciones catalanas, el independentismo se haya batido en retirada y los ejércitos de Daenerys Arrimadas hayan conquistado todos los reductos de resistencia, ha dado a la idea de Tabarnia una cierta verosimilitud. En efecto, existe una Cataluña independentista, que se hace fuerte en el entorno rural, y existe una Cataluña no independentista que crece en los grandes núcleos urbanos, cultivados y eruditos, poblados por una clase media que se empieza a hacer valer frente a la arquitectura de una Cataluña rural y secesionista.

Yo me niego a hacer una lectura simplista del asunto pero parece evidente que esa brecha, esa fractura, se esta produciendo y sobre la base de los mismos argumentos que el independentismo ha exagerado para hacer valer su ensoñación, los ‘tabarnianos’ podrían ejercer una presión parecida y acabarsaliendo del armario de la imaginación para convertirse en una realidad posible. Ya tienen heroína. Y tienen enemigo. Solo falta un director que sepa elevar la categoría de la anécdota a un buen guión y las puertas del armario se abrirán de par en par.

Federico Quevedo ( El Confidencial )