¿Seguirá diciéndonos en sus salmonias televisivas que su gestión de la pandemia fue un éxito, que la recuperación está en marcha y que sólo falta que le apoyemos para que España se ponga en cabeza de la eliminación del Covid-19 en Europa?

Pues, sí, seguirá diciéndonoslo, pese a que en lo único que lideramos es en el número de contagiados; pese a que las autoridades locales han tenido que retornar al nivel 1 de confinamiento en ciertas partes de su territorio; pese a que una veintena de expertos españoles en la materia han hecho un llamamiento a través de la respetada revista «The Lancet» para que se lleve a cabo una auditoría independiente sobre la gestión de la crisis, al que se han unido medio centenar de sociedades científicas de los países más importantes.

La viróloga española Margarita del Val lo ha resumido de la forma más contundente: «España se encuentra ya en la segunda ola de la epidemia». Sin que las autoridades sanitarias y su dicharachero portavoz hayan hecho otra cosa que guardar silencio.

Pero del responsable de todo ello, el presidente del Gobierno, estén seguros de que sólo escucharán parabienes y embelecos habituales, con las pausas oportunas para recibir los aplausos de sus seguidores.

Pedro Sánchez ha traspasado todas las barreras de la «verdad política» o mentira electoral, para instalarse en el cinismo impúdico o descaro sarcástico de los populistas más experimentados y los vendedores de Bálsamo de Fierabrás que todo lo cura. según su técnica publicitaria: cuanto mayor sea la mentira, más la creerán.

Y le está funcionando. El gobierno bifronte, que le producía pesadillas ha terminado siendo una ventaja al permitirle cubrir su flanco izquierdo, siempre importante en España, y quedarse en el centro, que es donde se ganan las elecciones. Sin que los temores de que Podemos le torpedee se materialicen.

Iglesias, una vez que ha pisado moqueta, viajado en coche oficial y la guardia civil protegiendo su chalet de incómodos manifestantes, no abandonará el Gobierno, aunque tenga que aguantar carros y carretas e incluso tenga que olvidar algunos objetivos fundamentales de su programa.

Hará declaraciones aparatosas sobre ciertas medidas tomadas, pero dinamitar la coalición, vamos, ni borracho. Mientras no pase a los hechos, a Sánchez incluso le ayuda en su política de supuesta equidistancia.

Lo hemos visto en la crisis de Don Juan Carlos: ha podido defender la Monarquía en general, criticar implícitamente al Rey emérito por irse sin avisar, cargar sobre el Rey en ejercicio por habérselo permitido y, encima, el asunto impide que se hable de que España es el país europeo con más contagiados.

Para resumir: que ha vuelto a engañar a todos, Ciudadanos o secesionistas incluidos. A todos menos al virus, que no entiende de política y campea a sus anchas. Me disculparán si echo mano del conocidísimo dicho norteamericano «Puedes engañar a todos una vez, pero no a todos siempre».

Aunque debo añadir: a todos, menos a los españoles.

José María Carrascal ( ABC )