No está bien de la cabeza quien envía balas a los amenazados exigiéndoles la dimisión. Si es verdad que existe algún descerebrado que coacciona mediante un deleznable envío de balas, ha de ser detenido de inmediato. No hay cordura en quien otorga argumentos a la izquierda mamporrera, justificada ahora en el victimismo después de haber apedreado al adversario.

Con el envío de unas balas de CETME no debe tardar la detención y poner a buen recaudo judicial a un extemporáneo fanático que no representa ni a VOX ni a ningún ciudadano de bien harto de este desgobierno criminal.

Pero permítanme puntualizar el carácter efectista de tales amenazas sobre Pablo Iglesias, sus padres, la directora de la Guardia Civil o el propio Marlaska. ¿Precisamente amenazados de muerte los personajes en entredicho, los protagonistas de irregularidades o los objetivos de la sospecha con muchos frentes abiertos de escándalo público y pendiendo la espada de Damocles con exigencias de dimisión por sus, como mínimo, irregulares actitudes con abuso de poder, rayano o inmerso en el delito de la prevaricación?

Diría que existe tanta apariencia de espontaneidad en el suceso que no me extrañaría que hubiese sido pensado en algún despacho. La circunstancia lleva sello de inventiva, de manipulación, porque no hay lógica ni beneficio en el que amenaza, sino en los coaccionados que podrían encontrar un pretexto para que se desvíe la atención hasta que amaine la tormenta mediática.

Y esa tormenta son las denuncias de VOX que a diferencia de la siniestra se enfrenta en los tribunales, legalmente, frente a la corrupción de Sánchez. ¿Ese es el «fascismo» al que pretende culpar el otrora vicepandemias?

Si hay un loco que amenaza, ¿qué pretende? Qui prodest? ¿ A quién beneficia el envío de balas justo en campaña electoral? Intentar hacer creer que la amenaza violenta procede de afines a VOX dice mucho del posible engaño tras el que Pablo Iglesias puede dar un golpe de efecto para confundir al electorado. Acostumbrados a mentir hasta en lo elemental, cuesta pensar que alguna vez digan ninguna verdad

Del hartazgo y la indignación sostenida sabemos cuantos hemos vivido la tragedia del asesinato por sedación de nuestros seres queridos; cuantos se han arruinado con las exigencias de confinamiento con pretexto pandémico, millones de perjudicados con la sospecha de que esta aberración sanchista ha reventado a propósito cuarenta años de libertades y consenso.
Pero aun con los daños provocados si algo nos caracteriza a las víctimas de tanto mal es la templanza en el dolor, el apaciguamento de la animosidad a la que es tan afecta la izquierda radical, la confianza en que hay Justicia de Dios y pagarán sus crímenes. Templanza.
Si de verdad existiese un demente que no ha aparecido en años, exigiendo la dimisión de los amenazados, habría una clara contradicción de la intención y el efecto del resultado esperado, puesto que es evidente que de cara a las elecciones de Madrid semejante amenaza podría resultar favorable a las ambiciones de Sánchez e Iglesias que, según las encuestas y la respuesta en las calles, pueden darlas por perdidas.
Si de verdad quisiera perjudicar a los coaccionados, en vez del artificioso método de enviar balas de fusil habría bastado esperar a después del 4 de Mayo, con el previsible descalabro de la alianza social comunista que en esta ocasión tiene difícil alterar los resultados electorales. Si Galicia y Andalucía significaron un punto de inflexión contra los intereses sanchistas, ni con la violencia en Madrid contra los candidatos de VOX han podido evitar el tirón popular de lo que falazmente tildan de «fascismo».
El teatrero envío de balas, ni más ni menos que de CETME-alusión simbólica al Ejército o a las Fuerzas de Seguridad del Estado-ha dado ocasión a la no menos teatrera función victimista de Pablo Iglesias en el debate de la SER, ha brindado la ocasión para intentar demonizar al adversario político cuando parece que ya no surte efecto el llamamiento antifascista.
Rocío Monasterio debió ser más taxativa en vez de brindar ocasión para que se levantara del debate un Pablo Iglesias que ha dado carne a los canes periodísticos de la misma ralea. ¿De verdad posee credibilidad una amenaza conjunta precisamente a los miembros del ejecutivo que están en el candelero del escándalo político? ¿Es creíble un trilero sin conciencia como es este macho alfa, victimizándose después de ser el responsable directo de las violentas alertas contra lo que denomina ultraderecha?
¿La ultraderecha la conforman familias con sus niños, jubilados, autónomos, trabajadores desencantados, defensores de la vida y de los valores con integridad que con alegría y orgullo legítimo enarbolan la bandera española? ¿Este hipócrita carente de moral, sospechoso de genocidio, responsable criminal de la muerte de nuestros seres queridos es quien se indigna intentando artificiosamente culpar a VOX de estas amenazas? ¿Quién sino desalmados son capaces de creer a estas alturas a un facineroso como éste?
Si fuera cierto que un ido radical mandase balas para exigir unas dimisiones, de ser normal Pablo Iglesias lo achacaría a una individualidad; pero como es una anomalía inmoral y ha demostrado ser la peor lacra personal y política que soporta estoicamente España, culpar a VOX de las amenazas de muerte evidencia el interés demagógico que deja al descubierto la intencionalidad de tomar ventaja con asuntos oscuros y sucios.
Asuntos que, vivido lo vivido y repetidamente, parece pergeñado por uno de esos lumbreras que hacen de la política una trampa constante. Y si de oportunismo hablamos, los creo capaces de todo para evitar ser juzgados cuando abandonen el poder.
Así que atentos a cualquier cambio de guión cuyos autores no escatiman medios para prolongar una farsa que cada vez es menos creíble por precipitada, artificiosa, y por cuanto de riesgo judicial comporta que se descubran los turbios manejos que acabaría con la carrera política y personal de estos maestros del engaño criminal.
A la desesperada que están, incluso cabe esperar algo más de estos trileros de cara al 4 de Mayo donde España, desde Madrid, se juega la esperanza en un futuro normal después de la oscuridad sanchista. Cualquier guión fuera de la normalidad debería estar bajo sospecha cabal. Atentos.
Ignacio Fernández Candela ( El Correo de España)