LAS EXPLICACIONES, EN EL PARLAMENTO

La semana comenzó con el anuncio por sorpresa de una reforma exprés de la Constitución para suprimir los aforamientos. Pedro Sánchez formuló con solemnidad la propuesta en un acto propagandístico bajo el pretexto de los 100 días de Gobierno. Ya dijimos aquí que se trataba de un señuelo para distraer la atención de su tesis, y dijimos también que el truco no funcionaría.

 Pasan los días y las dudas sobre la autoría y la originalidad del doctorado del presidente del Gobierno -un título habilitante del Estado, no solo un asunto de honor personal-, lejos de despejarse, se agravan con nuevas revelaciones periodísticas, que llegan desde cabeceras distintas.

El propio Sánchez, entrevistado en La Sexta, señaló su «libro generalista» como prueba de la condición pública de su tesis, puesto que esta quedó compendiada en aquel. Lo hizo para negar que hubiese mentido cuando afirmó que estaba disponible. Por tanto, y ciñéndonos a su razonamiento, los vicios que se encuentren en su libro pueden imputarse también a su tesis.

La Moncloa ya ha reconocido que en la obra firmada por Pedro Sánchez y Carlos Ocaña se incluyeron, sin entrecomillar ni citar la fuente, cinco de las siete páginas de una conferencia impartida por un diplomático inadvertido. Tal práctica solo puede recibir el nombre de plagio, por mucho que se indigne Adriana Lastra, empeñada en pasar página de un escándalo que perseguirá al presidente hasta que sea capaz de aclararlo.

Pablo Iglesias empieza a desmarcarse calificando de «cutre» el plagio de la conferencia y demanda explicaciones. Como lo han hecho Albert Rivera y Pablo Casado. Porque crecen las sospechas de que ese medio millar de palabras no fueron la excepción, sino que delatan un modus operandi que se sirvió de informes ministeriales y otros materiales no publicados, por ello difíciles de rastrear.

Urge que Sánchez comparezca en el Parlamento. Porque las piezas de la versión oficial no encajan. Ni los tiempos de realización -dos escuetos años en los que Sánchez, además, era diputado y profesor-, ni la composición del endogámico tribunal que le concedió la nota cum laude, ni la insólita coautoría de un libro basado en una tesis personal, ni el hecho de que su autor tenga que someterla a un programa antiplagio antes de ofrecerla a la opinión pública, ni la clamorosa distancia entre el 0,96% de coincidencias que detecta Plagscan en boca de Moncloa y el 21% que arroja según el responsable de la propia compañía. Una diferencia debida a que los parámetros de búsqueda son configurables y constan en un informe que Moncloa se niega a facilitar.

Sánchez no puede seguir ocultándose, ni despachando como «ruido» la exigencia de transparencia. Él llegó al poder sobre la premisa de la ejemplaridad blandida para censurar a Rajoy. El Congreso eligió a Sánchez. Allí se funda su legitimidad de origen: allí debe explicarse para no perderla.

El Mundo