LAS FALSAS ESPERANZAS

Si el PP por fin reaccionara y tras su tristísimo resultado del pasado mes de diciembre -el propio Alejandro es diputado por los pelos- abriera un periodo de reflexión no sólo sobre el nombre concreto de quién tiene que hacer de conserje de lo que diga Génova, sino sobre cómo tendría que ser un partido de centro derecha no nacionalista en Cataluña, con vocación mayoritaria y no esta marginalidad en la que lleva casi 40 años instalado, habría valido la pena el escarmiento electoral, y de cara a las próximas elecciones generales, el artefacto que resultara estaría en disposición de aportar bastantes escaños más de los que hasta ahora ha aportado.

Pero es inútil hacerse cualquier tipo de esperanza. Por motivos que están más allá del entendimiento de cualquier inteligencia razonadora, el PP como partido -que no como Gobierno- se siente más cómodo renunciando a Cataluña que arriesgando para imaginar estructuras y fórmulas que le permitieran asentarse en su centralidad.

Por lo tanto, el debate en Cataluña este 2018 continuará siendo sobre lo mismo, dando las vueltas del perro antes de echarse a dormir, aunque con la notable novedad de que todos han entendido que no tienen ninguna posibilidad de salirse de los contornos de la Ley.

Va a ser estéril, sí, pero agotador, y un año más va a pasar por esta tierra sin que hablemos de nada más que de lo único.

En 2017, por no cambiar de tema, no hablamos ni del terrorismo islamista, y convertimos el atentado de las Ramblas en una grotesca batalla de intrigas y desprecios entre los Mossos y la Guardia Civil. Cuando baje la marea y nos asomemos a aquellos días con la pasión sectaria calmada, nos darán vergüenza muchas de las cosas que dijimos y escribimos.

Salvador Sostres ( ABC )